Entrevista a Silvia Bleichmar

Silvia Bleichmar

SILVIa bleichmar

Entrevista realizada por Roxana González Salaberry, para la Revista Contexto Psicológico.

Silvia Bleichmar nació en Bahía Blanca, Argentina, en 1944. Estudiante Sociología y Psicología en la Universidad de Buenos Aires, participa activamente del movimiento estudiantil de los años 60. Se radica en México durante los años de la dictadura militar y realiza el Doctorado en Psicoanálisis en la Universidad de París VII, bajo la dirección de Jean Laplanche. Retorna a su país, Argentina, en 1986, definitivamente. Profesora de diversas Universidades nacionales y del exterior. De sus actividades extra-académicas se cuenta, entre otras, la Dirección de los proyectos de UNICEF de asistencia a las víctimas infantiles del terremoto de México de 1985, y el Proyecto de ayuda psicológica a los afectados por la bomba que destruyó la Mutual Judía, AMIA en 1994. Ha colaborado con publicaciones nacionales y extranjeras mediante artículos científicos y ensayos de actualidad. Sus libros más conocidos son: En los orígenes del sujeto psíquico, La fundación de lo inconciente, Clínica psicoanalítica y neogénesis, No me hubiera gustado morir en los 90 y Dolor país.
Silvia Bleichmar falleció en la Ciudad de Buenos Aires, el 15 de agosto de 2007.

Entrevista realizada por Roxana González Salaberry, para la Revista Contexto Psicológico.

¿Son distintos los niños de hoy de los que conceptualizó el psicoanálisis hace 100 años?

Si, en algunos aspectos son diferentes. Hace tiempo que vengo trabajando la diferencia entre constitución psíquica y subjetividad, precisamente basándome en eso; en qué es lo que prevalece y qué es lo que ha variado en 100 años. Ahora estamos justo a 100 años de “Tres Ensayos”. ¿Qué tienen que ver nuestros niños actuales con los niños de aquella época? Mucho y poco. He escuchado cosas extraordinarias, por ejemplo a un niño decir: “¡Pobre Fulanito!” ¿Sabes que sólo tiene cuatro abuelos?”

niñosteleLo que se está planteando es que hay una ruptura del modelo clásico de producción de subjetividad, y al mismo tiempo lo que uno se pregunta es qué se sostiene de los paradigmas desde los cuales el psicoanálisis pensó. Indudablemente la asimetría adulto/niño se mantiene, la sexualidad infantil sigue ocupando un lugar importante. Tal vez lo que hay en nuestra época es un exceso de la impronta de la genitalidad del adulto sobre el niño, que es muy distinto del concepto de sexualidad infantil del cual hablaba Freud. Los niños de hoy no tienen que ir al campo a ver las relaciones sexuales de los animales para entender lo que hacen los adultos: es al revés. Van al campo y dicen: “¡Ah, como en la tele!”. Quiero decir que hay un peso muy fuerte en nuestra cultura, como una desrepresión de la genitalidad adulta frente al niño, que produce, por un lado síntomas, por otra parte procesos más severos de desorganización.

La fuente de autoridad ha dejado de ser indudablemente el adulto para el niño.

También donde hay una cierta caída de la función de la transferencia. Con lo cual los niños no tienen hacia el maestro la relación que se tuvo antes. En un porcentaje alto. Y una de las preocupaciones más grandes es de qué manera se instituye un conocimiento que se establece por vías que no implican enlaces libidinales al semejante, o que no implican reconocimiento del saber del otro. La fuente de autoridad ha dejado de ser indudablemente el adulto para el niño. En algunos casos uno podría decir “¡por suerte!”, y al mismo tiempo hay como una deconstrucción de los órdenes de producción de conocimiento. Y bueno, todo maestroantesesto hace a los niños diferentes. Más allá de las diferencias entre esta generación y la anterior, que no es tan grande tampoco.
Hay aspectos que han variado, y uno podría decir que se pueden recomponer en cualquier momento. Ciertas relaciones con la ética, por ejemplo, que tiene que ver con el modo en que ha variado la sociedad, no los niños.

Pero es indudable que hay algunos elementos que si no los reubicamos entran en crisis. Yo a veces, bromeando digo: “¿con quién rivaliza el niño: con el padre o con el hombre que duerme con la madre?”; ¡menudo problema! En la mayoría de los casos hace alianza con el padre contra el marido de la madre. O con la madre, contra la mujer del padre. No es tan simple la cuestión. Hay una caída de esos modelos, que por otra parte, tampoco abarcaron toda la historia de la humanidad, sino sólo un período en el cual se constituyeron los paradigmas del psicoanálisis.

[…] hay cambios. Pero más allá de los cambios hay elementos que permanecen y se demuestran en una realidad cada vez mayor, cada vez con más fuerza.

Al tal punto que la lectura que hace Freud de Leonardo y la madre soltera es una lectura totalmente prejuiciada por la moral de su tiempo, no tiene nada que ver con lo que le pasó a Leonardo de verdad. ¡Ser hijo de una madre soltera en esa época no era lo mismo! O tener un hijo extramatrimonial en la Edad Media no era lo mismo. Es decir, que hay cambios. Pero más allá de los cambios hay elementos que permanecen y se demuestran en una realidad cada vez mayor, cada vez con más fuerza. Por ejemplo, el psicoanálisis. Es la primera teoría en la historia de la humanidad que plantea el estallido entre procreación y sexualidad. Plantea que la paternidad o la maternidad no son cuestiones instintivas. Y la historia del siglo XX lo marca muy claramente, y las situaciones actuales mucho más aún. También uno podría decir que durante muchos años la humanidad trató de tener relaciones sexuales sin engendrar, y ahora trata de engendrar sin tener relaciones sexuales. Pero lo que sí se mantiene es el estallido de la procreación o de la sexualidad como camino a la procreación, o el origen representacional del sufrimiento psíquico, del sufrimiento mental, que no es verdad que haya dejado de ser el paradigma central. Eso es lo que pretenden los laboratorios, los que pretenden la reducción del ser humano a la biología. ¡Pero no es cierto! La motivación de ser humano para el sufrimiento sigue siendo representacional. Los descubrimientos capitales del psicoanálisis yo creo se mantienen firmemente, pero eso sí, algunos tienen que ser puestos al día.

Quería preguntarle por las llamadas “nuevas familias”, parejas homosexuales que tienen hijos, por ejemplo. Según su experiencia, ¿tiene alguna idea de cuál podría ser la consecuencia psíquica en estos niños, si la hubiera?

Una familia para mí, hoy, es la presencia al menos de dos generaciones en las cuales una de ellas está en una asimetría factual y simbólica respecto al otro, lo cual permite ejercer funciones de subjetivación y protección.

Primero, esto corrobora lo que vengo diciendo respecto al cambio en las formas de la familia. Segundo, creo que todos estos modos nuevos nos llevan a que haya que reconceptualizar la palabra familia. ¿Qué es una familia? Una familia para mí, hoy, es la presencia al menos de dos generaciones en las cuales una de ellas está en una asimetría factual y simbólica respecto al otro, lo cual le permite ejercer funciones de subjetivación y protección. Quiero decir con esto que una familia no es un matrimonio. Las relaciones de alianza no son una familia, tampoco lo es “papa, mama y los chicos”. Entonces esta nueva noción que nos impone la realidad tiene que hacer depurar al máximo los paradigmas. Yo tiendo a hablar cada vez más de adulto/niño y no de madre/niño o padre/niño. Lo que importa es qué es lo que está determinando un deseo de niño, este deseo de hijo, que puede darse perfectamente en una persona sola, una persona heterosexual u homosexual, una pareja heterosexual u homosexual. Acá lo que importa es la razón por la cual un ser humano quiere tener un hijo o quiere criar un hijo. Cuando digo “quiere tener” me refiero a  adoptarlo o tenerlo biológicamente. Creo que lo que está en el centro de todo esto es que los seres humanos no pueden vivir en la inmediatez, que la única manera de lograr la trascendencia es a través de poder reparar en las generaciones venideras el
malestar que padecen. Y que el deseo de un hijo es mucho más que el deseo del que hablaba Freud de “das Kleine” en la mujer.

Lo que más nos preocupa es evitar que se malogre un ser humano desde el punto de vista simbólico, vale decir, que quede sin posibilidad de evolución cognitiva y emocional.

Es el deseo de poder amar a algo que nos trasciende y que repare los aspectos fallidos de nuestra historia. En ese sentido, yo no veo ningún problema para que las parejas homosexuales puedan tener- no sólo adoptar- un hijo. Lo que me parece es que hay que estar alerta a lo siguiente: ¿qué es lo que más nos preocupa en la constitución subjetiva? Lo que más nos preocupa es evitar que se malogre un ser humano desde el punto de vista simbólico, vale decir, que quede sin posibilidad de evolución cognitiva y emocional. Hasta ahora, nada ha planteado que en las parejas homosexuales pase eso con los niños.

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Yo he tenido unas experiencias muy interesantes. Por ejemplo, una pareja gay que decidió tomar en guarda a un grupo de hermanitos cuya madre está presa en el exterior por “mula”,  es decir que transportaba droga, y el padre está preso en el sur. Y el niño mayor de este grupo de hermanitos, cuando le pregunté si sabía por qué el defensor de menores se oponía a esta guarda (no era una adopción), él me contesto: “Si, por que ellos son pareja: Pero mi papá y mi mamá eran hombre y mujer, y mi papá le puso la itaka en la cabeza a mi mamá…”. Y agregó: “yo quiero vivir con ellos por que ellos me pueden dar la vida que yo quiero tener, quiero ser mecánico y ellos me pueden dar estudios”. He tenido buenas experiencias, tanto de crianza como de guarda, teniendo en cuenta además, que en general la gente que consulta tiene muy buena disposición hacia los niños y quieren hacer las cosas de la mejor manera. Y esto nos lleva a una cuestión importante que es lo que he conceptualizado en la redefinición del complejo de Edipo.

El complejo de Edipo es la forma con la que cada cultura ejerce la prohibición de la apropiación del cuerpo de niño como lugar de goce del adulto.

Para salir de este impasse que es que el complejo de Edipo es el amor que el niño tiene por el padre o la madre, y el odio hacia el progenitor del mismo sexo. ¡Acabemos con eso! El complejo de Edipo es la forma con la que cada cultura ejerce la prohibición de la apropiación del cuerpo del niño como lugar de goce del adulto. La prohibición del Edipo es los límites que la cultura pone a la apropiación del cuerpo del niño, y define entonces la forma de la circulación amorosa entre el adulto y el niño. Esa es la prohibición edípica en serio, lo demás es la tragedia griega. Me parece que en relación a las nuevas formas de familia no hay nada que uno pueda decir anticipadamente: “esto esta mal”. Y más todavía: con las nuevas formas de engendramiento ha caído el último bastión moral contra la homosexualidad: ¡la humanidad no se acaba! Con lo cual, ni siquiera hay un fin práctico para conservar la heterosexualidad, va a estar dado por el deseo de los seres humanos. ¡Y no es verdad que si abren las puertas todos van a salir  a hacerse homosexuales!  Eso es un delirio de los sectores reaccionarios, o sus propias fantasías sobre su sexualidad, no sé qué es… pero de hecho es un modo de defensa. Pero lo más preocupante hoy no son las nuevas formas del amor, sino las formas de deconstrucción del amor y la emergencia del odio en el mundo en que vivimos. Lo más preocupante es cómo recomponemos enlaces los seres humanos, que no sean enlaces paranoides u hostiles, todo lo que implica relación amorosa en el sentido profundo del término…se irán encontrando los caminos que se puedan. Hace poco vi una filmación  de niños criados por parejas gay en Estados Unidos. Y hay una escena en la que un niño dice que está muy preocupado porque a él le gustan las chicas y siente que podría  decepcionar a los padres. Las relaciones entre los seres humanos son muy complejas….

 

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