“Nuevos tiempos. Nuevas infancias. Nuevos problemas” por Gabriela Dueñas

Hemos creído imprescindible la selección de este artículo presentado por Gabriela Dueñas, Doctora en Psicología, Licenciada en Educación y Psicopedagoga, durante las Jornadas sobre “La patologización y medicalización de las infancias y adolescencias actuales y sus derechos en juego”.

A través de él Gabriela Dueñas nos invitará a reflexionar juntos sobre cómo los principales agentes socializadores de la infancia -familia y escuela- además de la cultura y momento histórico en el que estos se hallan imbuidos conformaran la subjetividad del niño actual.

gabrielad

“La subjetividad no viene dada, sino que ésta se va constituyendo, de manera particular durante los primeros tiempos de la vida, a través de un complejo proceso que se entreteje de época y contextos.”

 

Artículo presentado durante las Jornadas sobre “LA PATOLOGIZACION Y MEDICALIZACIÖN DE LAS INFANCIAS Y ADOLESCENCIAS ACTUALES Y SUS DERECHOS EN JUEGO”. PARANA, 25 y 26 de Abril de 2014. Publicado luego por el Equipo responsable de la organización de las mismas.

En contextos como el actual, de profundos y vertiginosos cambios socioculturales como el que nos toca vivir, y en el que hoy nos encontramos preocupados por el avance de ciertas tendencias biologicistas que nos proponen interpretar todo tipo de “problemas” con los que nos interpela la vida cotidiana, como si éstos sólo pudiesen pensarse en términos de “trastornos mentales” producto de “deficiencias neurológicas” portados por los individuos, y que por esto pueden y deben ser “eliminados” rápidamente apelando a su medicalización, parece necesario que hagamos un alto en el camino para recordar, en principio, un asunto no menor que no debiéramos perder de vista, a riesgo de hipotecar con esto nuestra “humanidad”.

Me refiero al hecho que, como se sabe, la subjetividad no viene “dada”, sino que ésta se va constituyendo, de manera particular durante los primeros tiempos de la vida, a través de un complejo proceso que se entreteje de época y contextos.

Desde esta perspectiva, es que pienso la importancia de generar espacios como éste, que nos permitan reflexionar en cómo estas nuevas condiciones epocales nos están afectando como sujetos sociales, qué efectos y nuevos sentidos están produciendo en nuestros estilos de vida y como consecuencia, en la crianza y educación de la niñez y adolescencia contemporánea, al impactar de lleno en sus procesos de subjetivación.

No son pocos, ni simples, los problemas que de esta circunstancia surgen.

Además, éstos aparecen complejamente vinculados unos a otros dando lugar a la emergencia de novedosísimos modos se ser y estar en el mundo.

Nos encontramos así, ante niños, niñas y jóvenes que cotidianamente nos interpelan tanto en la clínica como en las aulas, con modos de pensar, jugar, comunicarse, comportarse y aprender que muchas veces suelen generarnos sentimientos de profunda “extrañeza” porque no responden al “modelo ideal de niño moderno” con los que esperamos encontrarnos, de acuerdo con los manuales con los que fuimos y aún hoy seguimos formándonos como profesionales de la salud, lo social o la educación.

En estas condiciones, seamos francos, resulta muy difícil “entenderlos” y por consiguiente “atenderlos”.

¿Será por esto -me y les pregunto- que cada día son más los chicos que vemos circular por las escuelas portando diagnósticos de ADD-H., una sigla con las que se los etiqueta y que alude de manera paradójica a trastornos producidos por ciertas “deficiencias en la atención”? Al respecto y en función de lo que venimos planteando, la pregunta que se nos impone entonces, en relación a los mismos, nos convoca a replantearnos acerca de la pertinencia de atribuirles “a ellos” una deficiente capacidad para prestar atención, sobre el “supuesto”, además, que esta “discapacidad” sería simple y excluyentemente de etiología biológica. Y también -por qué no- en el mismo sentido, hacer extensiva esta cuestión a otros “diagnósticos de moda” con los que actualmente se rotulan a no pocos chicos de TGD, TEA,TEL, TOD, etc., para someterlos luego a programas reeducativos de adiestramiento conductual combinados con la administración de drogas psicoactivas cuyos efectos secundarios aún se están estudiando.

Al respecto, creo que resulta una tarea impostergable, ante esta especie de “epidemia” de niños identificados y clasificados con etiquetas que se les abrocha, casi como un “alias”, junto a su nombre propio, reconsiderar las principales características epocales en las que se encuentran inmersos, se crían y se educan hoy los niños, niñas y adolescentes, de modo de hacernos cargo como sociedad de los que les pasa y expresan en los distintos espacios sociales por los que transitan.

subjetivacion

Empecemos para esto caracterizando de modo panorámico estos tiempos actuales a los que algunos denominan Posmodernidad y otros, en su lugar, prefieren llamar la sociedad de la Cultura Líquida o del Capitalismo Tardío, con la intención de visibilizar, entre otros rasgos, la primacía de la incertidumbre y la falta de certezas que, siguiendo las lógicas del Mercado, parecen atravesar el actual contexto socio-cultural, en el que todo cambia permanente y vertiginosamente de la mano de la llegada de las nuevas Tecnologías Informáticas de la Comunicación, de modo tal que, lo que antes, por ejemplo, lo que antes considerábamos “verdadero”, ahora no pasa de ser sólo una mera “opinión” de acuerdo al sitio que se haya consultado en la Web.

Una época como ésta que nos toca vivir, donde sólo cuenta el “ahora” porque resulta demasiado contingente proyectarse en un futuro y, -“nada”, “todo bien”, como se dice hoy- ni siquiera los valores básicos necesarios para la supervivencia parecen sostenerse ante los requerimientos avasallantes de un Mercado que insiste, con pretensiones hegemonizantes, en regular todas las instancias de la vida social, interviniendo de manera innegablemente significativa en la modelación de los sujetos, formateándolos desde muy temprana edad como “pequeños grandes consumidores” nos encuentra hoy ante una “niñez posmoderna”, socializada al estilo “hiper”, como preferiría llamarla G. Lipovesky, hiperestimulada, hiperexitada, hiperactiva, hiperconsumista, hiperdesatenta,[1], a la que precisamos comprender para poder salir entonces del profundo desconcierto que nos produce. Y que a modo de “atajo”, parece conducir actualmente -casi con “naturalidad”- a no pocos profesionales del campo de la salud y de la educación por el camino rápido de las soluciones fáciles como las que proponen las políticas patologizadoras y medicalizadoras de las infancias y adolescencias actuales.

baby-ad-n4op5u

No podemos en este sentido, recortar o minimizar las determinaciones socio históricas, económicas y culturales intervinientes en la producción de las nuevas subjetividades con las que se hacen presentes hoy las infancias y adolescencias contemporáneas. Como tampoco relativizar el impacto de estas novedades epocales hacia el interior de las instituciones sociales en su conjunto, pero principalmente de aquellas que se ocupan particularmente de su atención, considerando a la vez los efectos que éstas producen en los vínculos que establecen entre sí.

Atentos a estas circunstancias, es preciso que nos aboquemos entonces a investigar, estudiar y entender cómo las mismas vienen siendo profundamente atravesadas por los nuevos discursos y formateadas en función de las necesidades del mercado; claro está, sin la pretensión omnipotente de pretender abarcarlo todo, que es tan negativa como la actitud opuesta de pasividad y resignación, producto de la sensación de impotencia que nos suele embargar cuando las circunstancias nos desbordan.

Por esta razón, la intención de esta presentación se limita exclusivamente, a poner en consideración sólo algunas cuestiones que –entre la multiplicidad de problemas a las que se hizo referencia anteriormente- aquí se consideran particularmente relevantes y trascendentes porque no son indiferentes a las nuevas demandas en salud y educación con las que nos interpelan cotidianamente la niñez y juventudes actuales.

En este sentido, consideremos que las familias y las escuelas, agentes de socialización primaria, encargadas desde sus inicios de propiciar el desarrollo de los controles internos de los individuos de modo que los vuelvan “aptos” para la convivencia social, nunca estuvieron ajenas ni quedaron al margen de estas transformaciones, aunque con diferencias significativas propias de las singularidades de cada una de ellas.

Al respecto puede observarse como las familias, con mayor rapidez que las escuelas, fuertemente influenciadas por los medios de comunicación masiva y las Tics, parecen haberse adaptado de manera funcional a los nuevos requerimientos sociales impuestos por el Mercado adoptando como consecuencia novedosas configuraciones y estilos vinculares.

familia+escuela

Las escuelas por su parte, y por ser quizás una institución de matriz más conservadora en la medida que surgió con el objetivo de reasegurar la transmisión de una generación a otra de los productos culturales de la sociedad que las produjo, parecen mostrarse más resistentes a estos cambios.

Es así como nos encontramos hoy, y como últimamente se viene diciendo de manera reiterada, con escuelas que aún conservan en sus formatos y propuestas, un estilo y un clima cultural propio más bien del siglo XIX, con escolares y familias que las transitan, modelo siglo XXI.

Ante este “abismo cultural”, no son pocos los problemas que se suscitan actualmente en las escuelas, tanto con los chicos como con sus familias. De hecho, todos coinciden en advertir el profundo malestar que los atraviesa a todos por igual, y en señalar que el mismo remite en gran medida a que la clásica alianza fundacional familia- escuela hoy atraviesa por una profunda crisis que dificulta acuerdos necesarios entre los adultos para poder acompañar a los jóvenes de la mejor manera posible.

Esta circunstancia, como es de esperar, se ve agravada cuando los aprendizajes y o la convivencia de no pocos escolares se encuentran “en problemas”.

La desconfianza mutua que parece reinar entre padres y docentes, hace obstáculo entonces a las posibilidades de escuchar a los chicos y como consecuencia, se imposibilita también las posibilidades de “entender” y “atender” a los problemas sociales, familiares y escolares a los que están aludiendo a través de sus singulares modos de expresarse.

Y es allí, en la “fisura” que confronta y distancia a las familias y las escuelas[2] que se fragmenta también toda posibilidad de armar redes interdisciplinarias e intersectoriales que permitan garantizar la Protección Integral de sus Derechos a todos los niños, niñas y adolescentes, de modo que, por esta vía y sin demasiada conciencia de ello, terminan abriéndoseles las puertas a estas políticas patologizadoras y medicalizadoras de las infancias.

Para ir terminando dentro del límite de tiempo de esta presentación, quisiera decirles algo más en relación a esta época que nos toca vivir, y es que a pesar de todo lo dicho, sinceramente, no creo que sea ni peor, ni mejor que otras. Como todas, tiene sus cosas negativas, pero también otras muy positivas.

Entre estas últimas, no me parece un asunto menor el hecho que en estos momentos y en estos contextos, seamos capaces de procurarnos espacios como éste para pensar juntos, para analizar críticamente qué nos acontece como sujetos, como sociedad y lo que estamos haciendo con y por nuestros niños, niñas y adolescentes. Tiempos éstos en los que contamos, además, con una legislación vigente a nivel nacional que, en materia de salud, educación y Derechos de las Infancias, puede servirnos como respaldo para promover aquellas transformaciones que precisamos para hacer de ésta una sociedad con un futuro mas justo e inclusivo para todos nuestros chicos.

Considero al respecto que en las actuales circunstancias se nos impone de manera perentoria la necesidad que tenemos como adultos, de manera particular quienes trabajamos con niños, niñas y jóvenes de re-ligarnos, en el sentido de trabajar en conjunto, de trabajar en red, en redes interdisciplinarias en épocas como las que hoy nos toca vivir en defensa de los mismos, para hacer frente a los nuevos problemas y demandas con las que hoy nos interpelan a diario tanto desde la salud, como desde lo social y el ámbito educativo, cuestionando para esto las salidas nostálgicas que añoran tiempos que ya fueron, mientras nos autorizamos a pensar e inventar modos de conformar nuevas escenas posibles en las coordenadas actuales que nos permitan reubicarnos en las relaciones que se sostienen entre salud, educación y cultura, transmisión y producción del lazo social y, fundamentalmente, entorno a prevención del fenómeno de la patologización y medicalización de las infancias y adolescencias a partir del análisis crítico e interdisciplinario de la serie de complejos factores que intervienen en su constitución y que tan seriamente parecen estar vulnerando sus Derechos.

[1] En consonancia con las principales características culturales de nuestra época, a la que Gilles Lipovesky prefiere denominar por este motivo “hipermoderna” en atención a ciertos rasgos enunciados por la modernidad pero que en estos tiempos aparecen elevados a su máxima potencia: era del hipercapitalismo, de las hiperpotencias, del hiperterrorismo, del hiperindividualismo, de los hipermercados, de los hipertextos, etc.

[2] La misma que –rigiéndose por las lógicas del Mercado- apela persistentemente y de manera privilegiada a la “competencia”-. Incluso en el campo educativo, en el que no por casualidad se se continúa trabajando a partir del modelo que ofrece la “Pedagogía de las Competencias”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s