Resultados de nuestro trabajo de investigación hasta la fecha

Hasta el momento, el equipo de Creciendo con Eco ha entrevistado a una variedad de profesionales expertos del mundo de la infancia, los cuales son en su mayor parte psicólogos, aunque también encontramos educadores, trabajadores sociales y escritores de literatura juvenil; así como profesionales no dedicados a la infancia pero cuyas reflexiones acerca de lo humano en ámbitos como la Historia y la Filosofía resultan también enriquecedoras.

A partir de las entrevistas realizadas, podemos comparar las respuestas de los distintos profesionales, buscar los puntos en común y extraer así una serie de ideas generales sobre la escucha de los niños. Ese es el trabajo que se presenta a continuación, y constituye los resultados recogidos por Creciendo con Eco hasta el momento actual.

El lugar de la infancia

Para comenzar, respecto al lugar que la sociedad actual reserva a los niños, algunos profesionales consideran que éstos no tienen un espacio en ella, lo cual se refleja en políticas sociales que no favorecen el respeto de las familias y los niños, por ejemplo, las breves bajas de maternidad y paternidad. Por otra parte, hay profesionales que consideran que la sociedad cada vez se interesa más por los niños y sus necesidades, que los niños se han convertido en un agente social, alguien a tener en cuenta. Si no, no existirían proyectos como el nuestro.

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La escucha de los niños

Ahora bien, todos los entrevistados coinciden en su afirmación de que no se da una escucha adecuada a los niños y apuntan una diversidad de factores causales que podríamos dividir entre factores del ambiente del niño y factores sociales. Se trata de una división artificial ya que en la realidad se hayan interrelacionados unos con otros, pero resulta útil para esquematizar nuestro análisis.

El ambiente diario

Entre los factores del ambiente en el que vive el niño, podríamos citar el problema de que la escucha se realiza desde la perspectiva del adulto, así como el problema de que los niños disponen de pocos espacios para ser escuchados, es decir, espacios que no estén marcados por una actividad dirigida, sino que la actividad sea la misma relación y el estar en familia. Los profesionales consideran que se dan dificultades de diálogo en los hogares, relacionadas con la velocidad a la que vivimos, la necesidad de hacer muchas tareas, y las tecnologías del entretenimiento. También, el diálogo puede verse dificultado por patrones familiares que se repiten. Por todo lo anterior, no se crea el clima de comunicación necesario para que los niños cuenten lo que sienten.

El contexto sociocultural

En cuanto a los factores sociales implicados en la falta de una escucha adecuada de los niños, los entrevistados han hecho referencia a un contexto sociocultural que no facilita el encuentro genuino. A nivel antropológico, se están dando cambios en la estructura temporal de las vivencias humanas que complican la que sería la estructura básica de una auténtica escucha. Vivimos en una cultura de la inmediatez, en la que nuestra atención es cada vez más rápida y cambiante, se presentan una gran cantidad de estímulos en nuestro entorno y el ritmo de vida es más acelerado. Estas circunstancias influyen en las relaciones familiares dificultando los mecanismos de escucha, observación, diálogo y reflexión. Además, el afán por la imagen en nuestra sociedad va unido al descuido del mundo interno, así como la importancia que se otorga a medir los resultados va unida al olvido de aspectos subjetivos. En definitiva, se escucha a los niños con la misma pobreza que nos escuchamos a nosotros mismos y a los demás.

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Vivimos en la sociedad de la inmediatez, dotada de gran cantidad de estímulos y ritmo de vida acelerado. Fotografía: Jessica Hromas Generic

Consecuencias de la falta de una buena escucha

Tras caracterizar cómo es la escucha de los niños y los factores implicados, los profesionales entrevistados señalaron las consecuencias negativas de la falta de una buena escucha. En primer lugar, para los niños el hecho de no ser escuchados significa no tener un lugar en el otro, lo cual perjudica su autoestima y crea en ellos fantasmas de ser un desecho para el otro. Además, les genera dificultades para regular sus emociones y para dar sentido a lo que viven. Y en cuanto a su futuro, se indicó que la escucha que damos a los niños es integrada por ellos de manera que si se trata de una escucha deficiente, probablemente se convertirán en adultos que se escuchen poco a sí mismos y a los demás.

Hacia una buena escucha

De esta manera, queda resaltada la importancia de una buena escucha de los niños. A este respecto, cada entrevistado aportó sus propias ideas acerca de lo que es una buena escucha, y al ponerlas en común, podemos caracterizar el concepto desde diversos ángulos. Para comenzar, se trata de una escucha desde la perspectiva del niño, respetuosa y sin prejuicios, que tiene en cuenta que cada niño tiene su tiempo y su forma de comunicar. Una escucha que atiende no sólo a lo que el niño dice sino a lo que comunica con sus juegos, su cuerpo, sus cuentos, sus síntomas; pues todo eso forma parte de su discurso. Consiste también en entender sus necesidades aunque no las diga con palabras, por ejemplo, cuándo hay que ponerle límites. Además, se trata de atender a cómo el niño es hablado por su entorno, y qué palabras utilizan las personas de su entorno para nombrarle.

Una buena escucha parte de considerar al niño como un sujeto de pleno derecho, desde que nace, con sus propios deseos y manera de expresarlos, y de esta forma, se atiende a cada indicio que implique una posición subjetiva del niño y se atribuye a cada gesto el valor de mensaje de un sujeto.

Otros problemas de la infancia

En nuestras entrevistas también fueron recogidos otros problemas que afectan a la infancia hoy en día. Uno de ellos, se refiere a la exigencia exagerada a la que se somete a los niños, y en contrapartida, la dificultad por parte de los adultos para ponerles límites, que puede estar relacionada con una idealización de la infancia o con el miedo de los padres a ver sus hijos frustrados o tristes. Otro de los problemas a los que hicieron referencia los profesionales tiene que ver con la influencia de las nuevas tecnologías, puesto que éstas propician que los niños se acostumbren a recibir estímulos constantes y con cambios recurrentes, lo cual dificulta la reflexión y así facilita que se conviertan en criaturas manipulables. Además se señaló un aumento de problemas de construcción de la identidad y de los vínculos, y se puso en relación con la deshumanización que está en la base de muchas problemáticas actuales, como la violencia terrorista.

Two pupils leaning on a pile of books while reading on touchpad

La medicalización

Especial detenimiento merece el asunto de la medicalización, que ha sido puesto en cuestión a lo largo de nuestras entrevistas. Se trata de la tendencia a medicar a los niños sin antes ofrecer una escucha adecuada de su sufrimiento. Los profesionales señalaban factores implicados en la medicalización de la infancia, entre los cuales se halla el hecho de que a menudo los niños son medicados para tapar su sufrimiento, para que no molesten a los adultos o para que cumplan los planes educativos. También se apuntó que las corrientes actuales centran su atención en la conducta del niño, de manera que la respuesta del entorno se da hacia la conducta, y la medicación sería un ejemplo de ello. A una escala más amplia, se encuentra la influencia de la sociedad de la inmediatez, que promueve la búsqueda de soluciones rápidas, como sería la medicación. Y en cuanto a las influencias económicas en la medicalización de la infancia, se señaló el interés de la industria farmacéutica, la segunda industria más poderosa a nivel global.

Los profesionales alertaron de las consecuencias del mal uso de la medicación en los niños, que incluyen tanto consecuencias físicas como psicológicas. Explicaron que el niño comunica un mensaje a través de sus síntomas, hace una llamada. A veces se muestran más movidos porque el adulto no los escucha o está desconectado, y eso no lo soportan. De esta manera, un niño puede presentar una conducta disruptiva y estar transmitiendo a través de ella un sufrimiento subjetivo importante. Si la única respuesta al sufrimiento infantil es la medicación, es muy complicado que el niño aprenda a hablar de lo que le acontece, puesto que no se le presta una verdadera escucha.

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Una invitación a pensar

En síntesis, Creciendo con Eco ha recogido y entrelazado el pensamiento de diversos profesionales, de manera que se han podido hilar una serie de ideas generales acerca de la escucha de los niños. Los resultados presentados no tienen por objetivo ser asimilados, como si fueran la conclusión o el cierre de un tema; sino que están ahí para seguir siendo pensados y para ayudarnos a cuestionar nuestra forma de relacionarnos con los niños. De esta manera, terminaremos el presente análisis con nuestra invitación a reflexionar y con estas palabras que hemos recogido de Françoise Dolto: “Estar a la escucha de los niños significa respetar, amar en ellos la generación nueva de la que son portadores”.

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