Entrevista a Mónica Vorchheimer – Nuevas configuraciones familiares

El pasado mes de febrero tuvo lugar en Madrid el Segundo Congreso Internacional de Psicoanálisis de Pareja y Familia, congreso al que acudieron algunos integrantes de este precioso proyecto que es Creciendo Con Eco. Allí, nuestra compañera Trini tuvo el placer de entrevistar Mónica Vorchheimer.

 

monica vorch

Mónica Vorchheimer

 

Mónica Vorchheimer es analista con función didáctica de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA) en Argentina, miembro de IPA, FEAP, y miembro honorario de AAPPIPNA (Zaragoza). También es miembro del Comité de IPA sobre Psicoanálisis con Parejas y Familias.

Ha sido distinguida con los premios Bleger (1998) y Liberman (1999) de APdeBA y Storni (2001) de la APA. Cuenta con una amplia experiencia en psicoanálisis con pacientes adultos y adolescentes así como con parejas y familias.

 

 

 

A continuación les traemos esta interesante entrevista que estamos seguros estimulará sus pensamientos.

Si uno adopta una actitud verdaderamente psicoanalítica, la realidad es que uno nunca sabe con qué familia se va a encontrar; nunca sabemos cómo es ese orden familiar inconsciente, que es el que como psicoanalistas nos interesa investigar.

¿Me podrías hablar un poco sobre los nuevos tipos de configuraciones familiares?

Hay un libro que a mí me gusta mucho, de Elisabeth Roudinesco, que se llama La Familia en Desorden y que de algún modo apunta a estudiar las nuevas configuraciones familiares, sobre todo las nuevas presentaciones de la familia. Sin embargo, yo tengo una mirada provisoria pero interrogante sobre cuánto hay de nuevo. Sin duda hay nuevas presentaciones: familias homoparentales, familias monoparentales, adopciones, todas las formas de reproducción asistida que han dado lugar a nuevas formas de gestación… Naturalmente eso implica nuevos modos de presentación de la familia.

Como psicoanalistas, todavía tenemos mucho que aprender y para eso nos vemos enfrentados a una paradoja: por un lado debemos ser capaces de poner en suspenso los modelos clásicos con los que nos hemos formado y con los que pensamos la familia; pero lo paradójico es que precisamente no es posible una observación carente de alguna pre-concepción previa. Sin embargo, si uno adopta una actitud verdaderamente psicoanalítica, la realidad es que uno nunca sabe con qué familia se va a encontrar, aún si se trata de una familia llamada clásica (la familia de la modernidad, con mamá, papá, y los niños). nunca sabemos cómo es ese orden familiar inconsciente, que es el que como psicoanalistas nos interesa investigar. Y orden no quiere decir que está todo ordenado, sino conjeturar la organización que subyace a la familia: sus reglas, sus valores, sus tradiciones, aquellas fantasías que los hacen sentir que son una familia…

Cuando  escuchamos una familia como psicoanalistas, siempre necesitamos entender qué significa en esa familia “papá”, “mamá”; no es un dato de la realidad sensorial el que nos interesa, sino el significado inconsciente que ese término tiene; del mismo modo, esa debería ser nuestra escucha en una familia que nos dice estar conformada por dos mamás o dos papás. Siempre son sentidos a develar que nos van a poner sobre la pista de la dinámica inconsciente de ese conjunto.

Siluetas que representan diferentes tipos de configuraciones familiares

El psicoanálisis siempre trata de  describir aquello que observamos. El hecho de que lo observemos desde el dispositivo psicoanalítico, que como psicoanalistas nos ubica en un lugar asimétrico respecto de nuestro paciente (ya sean uno o varios los que configuran ese paciente), siempre implica una construcción, una conjetura de aquello que observamos y por estar en una posición excéntrica a nuestro objeto de observación nos permite visualizar algo que el conjunto en sí mismo no es capaz de ver, en tanto que cuando somos parte de un conjunto tenemos solo visiones parciales del conjunto del que somos parte, nunca podemos tener una visión total.

De modo que yo tengo curiosidad por estudiar las nuevas presentaciones familiares, aunque todavía en Argentina nos queda mucho por hacer para que las nuevas familias, o los nuevos tipos de parejas se acerquen a nuestros consultorios, aunque lo van haciendo, porque el psicoanálisis ha tenido en su tradición una visión un tanto juzgadora y moralista en su origen respecto de lo que hoy son para nosotros novedades en las presentaciones familiares.

El psicoanálisis siempre ha formulado que la constitución psíquica está basada en la organización triangular, en la existencia de una ley que separe la relación incestuosa entre la madre y su hijo – eso que Freud llamó Complejo de Edipo, el complejo nodular -, y eso no está ligado al género. De modo que si aceptamos qué hay de novedad en las configuraciones familiares, más allá de sus presentaciones, yo creo que habrá un campo de investigación muy fértil y sabemos bastante poco de esto.

Sospecho que la familia como necesidad humana de una trama de identificaciones y permanencias, sufrirá modificaciones en sus presentaciones, pero no como una trama emocional que instituye la subjetividad de todos nosotros.

Y estas nuevas configuraciones, ¿suponen algún tipo de diferencia con respecto a las clásicas?

Los conflictos, los sentimientos humanos que atraviesan estas nuevas presentaciones familiares no son muy diferentes a los de todas las familias que históricamente han visitado nuestras consultas. De modo que yo diría, no nos dejemos seducir por las novedades como novedades desde el punto de vista de sus presentaciones fenomenológicas, pero tampoco estemos cerrados a la posibilidad de descubrir que puede haber novedades que aún no hemos pensado o incluso que aún no tenemos herramientas suficientes para pensar.

En las familias, por ejemplo, la facilidad con que los jóvenes hoy en día se trasladan de países, la noción de arraigo, creo que posiblemente esté cambiando el sentido de las pertenencias sociales. Me parece que es una construcción que posiblemente producirá efectos diferentes en tanto el arraigo a la tierra y el arraigo a la familia guardan alguna correspondencia. Hace poco leí una nota que formulaba algo que me llamó la atención, decía “las familias han cambiado mucho, pero las parejas no han cambiado tanto”, pensé que era algo interesante para pensar. Lo que sí parece claro es que la necesidad de crear nuestras propias familias, la ilusión de dar estabilidad a nuestros vínculos, aun cuando puedan separarse las familias, parece que sigue siendo una necesidad de nuestro psiquismo. Imaginarnos con cierta permanencia de nuestros vínculos. Si eso va a seguir así en las décadas futuras es un interrogante que no podemos responder, posiblemente sea algo que vaya cambiando. Yo sospecho que la familia como necesidad humana de una trama de identificaciones y permanencias, sufrirá modificaciones en sus presentaciones, pero no como una trama emocional que instituye la subjetividad de todos nosotros.

Fotografía de una familia

Hablando de la noción del espacio, pertenencia y la noción del tiempo ¿está cambiando en las presentes y futuras generaciones?

Yo sospecho que algo de eso puede modificarse, que la idea de permanencia que está muy ligada a la idea de un espacio, la idea de arraigo, de pertenencia, probablemente sufra algún tipo de transformación, si es que no lo está sufriendo ya en este momento y que quizá estamos viviendo efectos de los que no somos conscientes porque somos contemporáneos a la época que estamos tratando de estudiar. La idea de la duración como un bien, parece cuestionada en esta era de la fugacidad. Y como dice Agamben, para ser contemporáneo hay que estar siempre un poquito fuera de la época, paradójicamente. No se cuán capaces somos de adoptar esa posición.

Yo pienso que estos tiempos de tecnología nos introducen en una dimensión temporal muy distinta, el tiempo en el que nosotros, los adultos, nos hemos criado es una dimensión temporal muy diferente a la experiencia del tiempo que viven los niños de hoy con su capacidad multitasking. Esto es lo que pienso, aunque no soy analista de niños. Pueden hacer al mismo tiempo muchas cosas: diversificar su atención en muchas cosas y no por eso necesariamente no prestar atención a esa multiplicidad de tareas. Ahora, ¿cómo va a repercutir eso en la constitución del psiquismo? los analistas de niños van a tener mucho por enseñarnos.

Pienso que los psicoanalistas, si verdaderamente mantenemos nuestra curiosidad abierta, nuestra abstinencia de imponer nuestros modelos, si estamos más bien a la búsqueda de ver con qué nos encontramos, quizá nos encontremos con más novedades de las que suponemos, o quizá no. Lo que sí creo que es fascinante tener esa disposición abierta.

Y por ejemplo: los niños que ahora se les denomina que tienen multitarea, que atienden a diversidad de estímulos, ¿podrían estar siendo catalogados como déficit de atención cuando en realidad es algo con lo que han crecido?, el atender a distintos estímulos, el exceso de información…

Sí, y además porque me parece que históricamente siempre los adultos solemos tener hacia los niños una mirada como si los niños pertenecieran a nuestra misma época. Y las generaciones futuras siempre pertenecen a una generación distinta a la de sus padres, solo que los padres miramos con los ojos de nuestra época y entonces los etiquetamos con diagnósticos de anormalidad, en lugar de poder mirar con asombro y preguntarnos “¿esto nuevo qué es?”. Creo que hay mucho de la sociedad disciplinaria al poner esas etiquetas psicopatológicas en los niños y adolescentes, en lugar de mirar qué traen de nuevo las generaciones jóvenes.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s