Infancia y juventud en Eslovenia (primera parte): El contexto cultural

El presente artículo consiste en una reflexión acerca de la infancia y juventud en la cultura eslovena, basada en mi experiencia en centros dedicados a la salud infantojuvenil en este país.

En esta primera parte, describiré cómo es el ambiente cultural en la comunidad en la que se contextualizan las instituciones y proyectos en los que participé. Dichas instituciones y proyectos aparecerán descritos en una segunda parte del artículo.

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Valle del Soča, Eslovenia

Pero en primer lugar responderé a una pregunta que muchas personas se hacen. ¿Dónde está Eslovenia? Bien, basta con visualizar a Italia en la mente, ese país con forma de bota, y después preguntarse ¿qué hay al este de Italia? Y ahí está Eslovenia.

En segundo lugar, le pediré al lector que relativice mi presentación, ya que mis percepciones de la cultura eslovena pueden estar distorsionadas por mi punto de vista como española. Sin embargo, puedo describir una serie de características de Idrija, la comunidad local en la que más tiempo trabajé, que otros jóvenes locales también perciben. Se trata de un pueblo de 6 mil habitantes en las montañas del oeste de Eslovenia, junto a los Alpes.

Para entender la cultura de Idrija hoy en día hay que tener en cuenta que Eslovenia salió de un régimen comunista en 1991, año en que se independizó de Yugoslavia durante la guerra. Esa es una fecha reciente e implica que los adultos mayores eslovenos han sido educados en un mundo distinto.

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Idrija en primavera

Una profesora, de origen argentino, con la que trabajé e hice amistad me contaba que se mudó a Eslovenia al poco tiempo de que el país se independizara. Cuando ella llegó, le llamó la atención que no se alquilaban viviendas, la mayoría de las mujeres llevaban el mismo peinado, en la tienda sólo había dos tipos de pan… Y en general había muy poca diversidad de opciones. Otros eslovenos resaltan las prohibiciones de aquella época y comentan que no se podían decir según qué cosas y que podían espiar tu conversación en el bar.

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Pastel local en honor al encaje

Además de lo anterior, cabe agregarse que en concreto en Idrija la gran mayoría de la población vivía de una de las minas de mercurio más grandes del mundo; hasta su cierre en 1995. Mientras los hombres trabajaban en la mina, las mujeres se dedicaban a coser encaje,  siendo también muy famoso el de esta población. Las casas en las que vivían eran cedidas para su uso al minero y su familia.

A esta falta de variedad en el empleo y la vivienda, cabe agregar que Idrija, al igual que muchas otras comunidades eslovenas, presenta unos obstáculos geográficos importantes. Se encuentra en una olla rodeada de montañas en las que sólo hay pequeñas agrupaciones de granjas, y la distancia hasta poblaciones más grandes es de 70 y 45km de carretera sinuosa. Este aislamiento geográfico dificulta mucho que los locales entren en contacto con gente nueva.

A su vez, el aislamiento de Idrija hace que la globalización no haya alcanzado plenamente el lugar. Aunque se notan algunos aspectos, como que muchos adolescentes tienen la mano pegada al móvil o que muchas señoras pasan horas viendo telenovelas latinas,  la gente de Idrija no está afectada por el ritmo de la inmediatez como la gente de la ciudad. Tienen más paciencia y siguen un ritmo más pausado.

En cuanto a las relaciones personales, la mayoría de los eslovenos mantiene un número reducido de amistades, pero que son muy cercanas y de confianza. En Idrija, esta tendencia se acentúa aún más. Las amistades suelen ser muy largas, con comienzo en la infancia o la adolescencia. Los jóvenes suelen tener entre dos y cuatro personas a las que consideran amigos.

Puede ser que esporádicamente se hagan planes con más gente pero normalmente  se prefiere salir con ese pequeño grupo de amigos de confianza. “Ellos dos son mis amigos desde hace diez años y sé que puedo confiar en ellos. Con ellos puedo ser yo misma así que prefiero salir con ellos que con otra gente”, me contaba una joven de 24 años. Las parejas jóvenes estables también son las que se conocen desde hace varios años.

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Bled en otoño

La forma de demostrar afecto a los amigos varía de una zona de Eslovenia a otra. Tengo amigas en Bled, una de las zonas más turísticas del país, que están acostumbradas al trato con extranjeros por su trabajo. Al relacionarme con ellas, nunca he tenido dudas de cuáles eran sus afectos hacia mí, porque han aprendido a transmitirlos de una manera más “internacionalizada”.

Sin embargo, en Idrija, donde apenas se ven extranjeros, los afectos se transmiten a la manera eslovena. Las personas que viven siempre en el país donde nacieron no son conscientes de que la forma en la que se relacionan y muestran sus afectos ha sido un aprendizaje cultural, así que creen que su forma de hacerlo es la intuitiva y natural, y que todo el mundo puede entenderla. Esto me ocurría a mí en España y del mismo modo les ocurría a los habitantes de Idrija con los que me relacionaba.

Lo que pude aprender durante los siete meses en Idrija es que la mayoría de los locales no muestran su afecto con palabras y contacto físico como yo estaba acostumbrada, sino a través de gestos amistosos como ayudar, proteger y preocuparse por el otro. Son importantes los regalos y las invitaciones a su casa.

Cerkno Pust

Pust, fiesta similar al carnaval en la que se culpa a un personaje por los malos sucesos del año. Tras su juicio se da paso a un nuevo año, lo que coincide con el final del invierno.

Mi coordinadora, que viaja mucho, me explicaba: “Sé cómo es en España porque lo he visto. Cuando fuimos con el grupo de adolescentes de intercambio, las madres de las familias de acogida los abrazaron en cuanto llegaron. Aquí es diferente. Pocas veces abrazo a mi madre, pero eso no significa que no la quiera. Aprecio mucho a la madre de mi amigo, pero sólo la saludo si me la encuentro por la calle. Mi madre me pregunta por ti todos los días, pero nunca va a abrazarte. No pienses que somos malas personas, sólo la forma de relacionarse es diferente”.

Las amistades eslovenas son pocas pero intensas. Pese a las diferencias en la manera de relacionarse, pude hacer amigos a la manera eslovena: unos pocos, pero muy buenos. Es interesante comentar que una de mis amigas de Idrija es la excepción a todo lo que he descrito anteriormente. Aunque se ha criado en una granja aislada en lo alto de una colina, tiene un carácter muy extrovertido y siempre ha tenido curiosidad por probar cosas nuevas, viajar y relacionarse con extranjeros.

En lo concerniente a la relación con el trabajo, los eslovenos se describen a sí mismos como gente muy enfocada en sus labores. En efecto, para los eslovenos el esfuerzo y la dedicación ocupan un lugar importante en su escala de valores. “Tienes que ser un buen trabajador. Si lo eres, todos te respetan. Pero si te dedicas a estudiar, a pensar críticamente o a ser creativo, entonces estás perdiendo el tiempo” –se quejaba un esloveno de una zona rural.

Drežnica, pequeño pueblo de montaña, en mayo

Esta importancia del trabajo no sólo se refiere al empleo. Muchos eslovenos viven en casas grandes con huerto e incluso animales que hay que cuidar. Además para ellos es muy importante ayudarse entre familiares, amigos y vecinos, de modo que también dedican un significativo número de horas a ello.

En las zonas de montaña, la naturaleza pone aún más tareas a los eslovenos, como por ejemplo árboles enfermos que hay que talar entre todos o nieve que hay que retirar alrededor de las casas. Algunos eslovenos afirman que ellos son así porque, para adaptarse a su contexto natural, se necesita una cultura enfocada al trabajo y a ayudarse unos a otros.

Durante la época comunista, no se compraban casas, sino que cada familia heredaba o construía su casa. Como debían construirla en sus ratos libres después de trabajar, todos los vecinos del pueblo acudían a ayudar. Los eslovenos dicen que las casas quedaban peor hechas que las de ahora, pero quedaban hechas con historia.

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Casas de Idrija

En resumen, en esta primera parte del artículo he descrito el contexto cultural de Idrija y en parte, el de Eslovenia. He aludido a un pasado histórico reciente caracterizado por la falta de variedad en la vida de los eslovenos y he subrayado esta circunstancia en Idrija, una pequeña comunidad que además se encuentra aislada geográficamente y donde se ve poca gente nueva. He descrito las relaciones personales en Idrija como reducidas pero estrechas y su forma de mostrar afectos, más basada en actos que en palabras y contacto físico. Además he señalado que la laboriosidad tiene un lugar importante en la escala de valores de los eslovenos.

Ya contextualizado el ambiente cultural, en la siguiente parte del artículo pasaré a describir la manera en que diferentes instituciones eslovenas trabajan con la infancia y la juventud en este país.

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