Entrevista a Carlos Pardos: el arte, la creación y la escucha en la infancia (PARTE 1)

Carlos Pardos Miguel nace en Gallocanta (Zaragoza). Estudió Arte y Diseño en la Escola Massana (Barcelona; 1991 Premi extraordinari de fi de carrera). Expone desde los 80’s y colabora en proyectos relacionados con la naturaleza de todas las geografías posibles. Actualmente, coordina los Talleres de Creatividad en Fundación Atención Temprana (FAT) y organiza exposiciones y murales inclusivos.

¿Qué es lo que le llevó a plasmar sus sentimientos e ideas en la pintura? ¿Le dio más fuerza a lo icónico que a lo verbal?

Yo me hice pintor para no hablar. Como dices, tuve un fallo en la comunicación verbal. Todas las cosas que yo he hecho han sido por fallos de planteamientos. Mi preparación ha derivado en otra cosa, mi ilusión juvenil discurrió por derroteros curiosos; me gustaba mucho el estudio y la creación literaria, pero dejé la Universidad (hacía Filología) y era soporífero.

Entonces, ¿eres autodidacta a nivel artístico?

No. Estuve en Barcelona 6 años estudiando arte y diseño en la Escola Massana, una escuela muy prestigiosa allí en la década de los 80 y allí me espabilé: otro lenguaje, otra gente… artistas de mucho nivel.

He estado haciendo de todo: publicitando trasplantes de riñón, trabajando en una fábrica de vidrio, diseñando juguetes, pintando muros, pintando santos para ermitas, diseñando ropa y estampados textiles… Y ahora con los niños ha sido una cuestión más que de vocación, de encuentro y tropiezo. Con los niños siempre he tenido una querencia porque soy como un niño, entonces el arte y la infancia, el contacto con lo primario y los elementos es algo que desarrollamos muchos artistas de una manera a veces torpe y a veces por defecto. Muchos de mis colegas de Barcelona en una época muy gloriosa de preparación y vocación artista tenían muchas dificultades emocionales y creaban cosas increíbles. Entonces en las reuniones que hacemos en la Fundación de Atención Temprana (FAT) de preparaciones y análisis, a veces clínicos, yo escucho y me encuentro en un plano más cercano a los niños que de los adultos, con sus planificaciones, organigramas…

Los niños son artistas per se: tú vas a un aula con niños de alrededor de 5 años y les preguntas quién sabe dibujar y realmente casi todos lo aseguran. Según se van haciendo mayores y les suceden cosas alrededor, como alguna experiencia en el colegio, que es lo que suele pasar, y se realiza la misma pregunta, en este caso son casi todos, pero ya va habiendo algún niño que dice que no, no les gusta, no quieren… Cuando ya son adolescentes a veces levantan la mano 3 o 4 personas.

Puede ser por temor a la evaluación…

Efectivamente puede ser por algún trauma o alguna contaminación de alguna manera, algún tropiezo…Luego ya cuando son mayores, nadie levanta la mano, sólo alguno. Cuando son adultos se meten debajo de la mesa.

La creatividad entonces está cuestionada.

La creatividad para mi es una interpretación contemporánea del arte, es una derivación del arte aplicado al estrés moderno. Porque si te fijas, la creatividad es algo que se utiliza para todo: yo hablo más de creación, es elevarlo a un plano de reflexión. La creatividad está ahora muy devaluada porque está de moda: los que diseñan coches, los avances en la medicina, en una mera reunión de vecinos se exige…

 

Entonces, se valora mucho la creatividad en el plano adulto pero, en el plano infantil se ha valorado o se valora poco, hasta un lapso reciente de tiempo, tanto en la escuela como incluso en casa. Los papás pretenden sobre los hijos que sean  más obedientes que creativos.

Puede ser que esté cambiando ahora mismo… Cuando era joven me ponía a ilustrar en la plaza de Santa Cruz (Zaragoza) en los años 80 y había hombres mayores que me enseñaban y pensábamos que tenía que ver más con la literatura, con la profundidad, con la cultura.

 

Tiene relación con la cultura: he leído que tenías en algunas de tus obras arraigos

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Obra realizada por Carlos Pardos

orientales.

Si, una artista llamada Kumiko me enseñaba a dibujar con pocos trazos y decir muchas cosas. Con muy pocos golpes de pincel debías desarrollar un poema. Me enseñaba a dibujar pájaros, que es mi paisaje interior, de mi procedencia de Gallocanta.

 

 

Quiero recalcar eso que dices de que los pájaros son tu paisaje interior, ¿a qué te refieres con ese paisaje interior?

Todos tenemos un paisaje interior, entonces descubrirlo y discurrirlo es muy interesante, a mí me ha servido de muchas crisis creativas, me voy a mi pueblo a pintar (Gallocanta) y me dejo llevar por el medio que me rodea. Me ha servido de mis trabajos con FAT, sobre la exposición de la luz, la naturaleza que yo he vivido… en mis trabajos con los niños intento no conducir, pero sí caminar hacia la naturaleza y utilizar además luz natural en las aulas en las que trabajamos: por ejemplo, si tengo un árbol enfrente y el niño lo visualiza, yo me pongo en la perspectiva de niño que puede ver un nido, el pollito y el pájaro que es la mamá que lo alimenta… Intento introducir vida: cuando hay naturaleza hay inspiración, hay motivos.

autorretrato

Autorretrato. Surrealismo. Carlos Pardos Miguel

No pretendo ir con un montón de papeles encima y muchos planes pedagógicos porque no es mi estilo; no cuestiono la pedagogía solo que voy por otro camino.

Pensando que sabes dibujar y pensando que puedes solucionar cualquier problema y que te cuestionen los chicos porque no es una clase, no es una terapia, es un estar donde tú proporcionas unas posibilidades para que con la gente que estás les aportes ciertas habilidades.

Esto lo he aprendido con muy malos maestros, y algunos muy buenos maestros, como pueden ser los maestros que tuve en Barcelona en los años 80 y Kumiko, además de otros artistas de otros países desarrollando un método que he aprendido que me gustaría compartir con los niños. mi práctica podría parecer antipedagógica.

¿Podrías definir el término “antipedagogía”?

Bueno, es una palabra que tiene que ver con mi historia personal de no haber tenido muy buenas experiencias, y aunque hay que respetar a los maestros, hay que reconocer el fracaso de algunos sistemas.

Es posible que te refieres a la antipedagogía a una manera de imponer. Entiendo que cuando trabajas con niños les quieres aportar unos recursos en los que tú te has formado con malos y buenos maestros pero que dichos recursos los has hecho tuyos, pero que no les impones. La pedagogía que se ha implantado hasta hace no muchos años ha sido una especie de anti-creatividad con los más pequeños.

Sí, efectivamente. Detesto las clases que se dan fotocopias con dibujos de Walt Disney y pretenden que el niño no se salga de la línea. Pienso que a muchos pedagogos o maestros se les apodera el tema de enseñar dibujo. Intento aportar ilusión y herramientas. Hay que abrir caminos nuevos y contar con gente que sabe dibujar: hay chicos que van a clase y jamás han visto a su profesor dibujar. Me gustaría que hubiese una revisión de todo esto y asumir lo que se ha hecho mal y entre todos trabajar otra vez para que la enseñanza artística sea algo que puedan aportar cosas, como en otros países, no que sea una asignatura como un despropósito tanto de los políticos como del sistema educativo.

Todos los niños son artistas, el problema es cómo es seguir siendo un artista cuando se crece: dejamos de jugar y empezamos a juzgar; dejamos de soñar y nos creemos que somos superhéroes. Esa conexión con la infancia que pretendo es desde unos planteamientos más primarios, más primitivos y más esenciales. Un ejemplo que puedo poner es que en el lugar que he estado este fin de semana. Había muchas libélulas y mosquitos: la gente empezaba a despotricar de los mosquitos y yo me fijaba en las libélulas que al atardecer reflejaban en sus alas unos colores cobrizos maravillosos. Y esto es lo que pretendo aportar en los espacios que yo prefiero llamar de creación y expresión.

¿Y no es posible que en la actualidad que se le da tanta importancia a la creatividad, se infravalore? es decir, ¿lo que se produce es mas cantidad que calidad?

Ese es el problema, ahora cualquiera es creativo que es estupendo; pero cualquiera pretende enseñar creatividad que eso es más delicado. Se practica, se investiga… la creatividad realmente es buscar nuevos caminos y nuevos recorridos con otras técnicas.

Por lo que recojo en tu explicación, para ti entonces el pintar entonces es seguir jugando como si fueses un niño. Por lo tanto, ¿nunca has dejado de jugar? De una manera más elaborada…

Efectivamente, por eso los niños enganchan tan bien conmigo. Pero hay que saber canalizar ese juego, cómo trabajar con las pinturas, ver de cada uno sus necesidades… es delicado. Yo planteé mi propuesta de trabajo como el juego de la pintura que ha ido derivando en talleres y en relaciones grupales donde cada uno de los miembros del grupo es importante, existe diversidad y muchas veces conflicto. La pintura en general la planteo como una vía de escape. Teniendo en cuenta, además, una estructura que se pueda ampliar a otras disciplinas o modalidades creativas, como la música, lo audiovisual, la cocina, excursiones a la naturaleza, talleres de reciclaje y de modelado… En FAT no nos dejamos llevar por la improvisación y efectismo, sino por la programación muy preparada y estudiada en la que los niños y sus necesidades son los protagonistas.

Estoy hablando de la singularidad propia de cada niño.

 

¿Cómo cree que se realiza la escucha de los niños sobre los adultos en la actualidad?

Los niños necesitan ser oídos y precisamente Atención Temprana (FAT) es esto. La pintura es una herramienta interesante porque es el médium para que el niño se relaje, deje en la puerta del aula su malestar, su mundo que le agrede en algunos casos, la familia, los hermanos, los niños… a mí incluso me pasaba de pequeño: me gustaba separarme de la gente más bruta de mi clase. Entonces intentamos crear estos espacios para que dejen su malestar y entren en un espacio para ser escuchados.

La pintura es ese medio que permite, desde mi punto de vista, crear un silencio para empezar a hablar, a dibujar, a pensar, a crear un relato, a darle una expresividad con las herramientas que tenemos en el taller: con esto se crea una escucha.

También ellos exponen sus creaciones que desean que todo el mundo las vea. En ese sentido, en octubre vamos a hacer una exposición en el centro Joaquín Roncal (Zaragoza) de los trabajos de estos dos últimos años que se va a llamar “construcciones y escucha”. Todo el mundo podrá acudir a este centro a ver estas creaciones.

 

Se pretende, entonces, crear un espacio de creación sin que sea cuestionado.

Efectivamente. Por eso a los profesionales que venís a realizar talleres a apoyar es precisamente eso. Se crean unas cosas absolutamente increíbles y que el adulto que entra en el aula, que no conoce el mecanismo de creación, se asombra y le pregunta mientras lo realiza ¿qué estás haciendo? entonces el niño en ese momento se desconecta, o no, de esa concentración y se conecta otro lado del cerebro donde entra la racionalización, el lenguaje, la explicación. Te puede contar una aventura o un relato que puede ser o no el mismo que el dibujo. Lo que pretendo y se pretende desde el taller es dejar dibujar, que se introduzca en ese papel en blanco con los materiales. También me he encontrado con casos que construyen el diálogo o problemática que traen de fuera en el papel.

El relato que se plantea después del dibujo es libre y que después se le da una construcción. En esa aventurita es lo que yo considero que es la escucha y desde ese lado la contemplo.

Los profesionales que colaboran escuchamos la voz del niño, sus inquietudes y luego lo desarrollamos en una película, un cuento, una construcción de un muñeco, en una mancha abstracta y el método con el que trabajamos, intentando que él se exprese sin condicionamientos y que se sienta en un sitio seguro que puede hablar de sus cosas con confianza, cariño y con seguridad.

 

Este espacio y la creación del silencio del que me hablas me hace recordar a un pediatra y psicoanalista, Donald Winnicott, que hablaba de espacio transicional. Parece que hay una relación entre el espacio de creación que aportas con los talleres de pintura y el espacio transicional del que hablaba Winnicott.

Entiendo que el espacio transicional se ocupa del arte, de la vida imaginativa, de la fantasía y de la labor creadora. En definitiva, de la ilusión, incluso del sueño. Algo que está entre el niño y la madre. Tenemos mucho interés en completar y trabajar con una actividad musical, con melodías, con la voz, etc.

 

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