Entrevista a Elisa Peinado: Los Avatares de la Adolescencia en nuestro Tiempo, a Ritmo de las Nuevas Tecnologías

Tras las actualizaciones de los últimos meses, volvemos a la rueda de entrevistas. Comenzamos año y comenzamos nuevo periodo y qué mejor modo de hacerlo que de la mano de una de nuestras compañeras de AAPIPNA. En esta ocasión os traemos una entrevista a Elisa Peinado con motivo de su ponencia en el VIII Congreso Europeo de Psicopatología del Niño y del Adolescente y XXX Congreso de SEPYPNA celebrado en Bilbao.

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Elisa Peinado

Elisa Peinado es psicóloga y psicoterapeuta psicoanalítica, acreditada por la Federación Española de Asociaciones de Psicoterapeutas (FEAP), sección de Niños y Adolescentes y sección de Psicoterapia Psicoanalítica. Miembro psicoterapeuta de la junta directiva de la Asociación Aragonesa para la Investigación Psíquica del Niño y el Adolescente (AAPIPNA. Miembro psicoterapeuta de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicología Médica (SEMP y P).

Elisa presentó su trabajo “Los Avatares de la Adolescencia en nuestro Tiempo, a Ritmo de las Nuevas Tecnologías” que posteriormente fue publicado en Cuadernos de psiquiatría y psicoterapia del niño y del adolescente: revista de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente.(SEPYPNA) 65 (1), 47-57. Aquí os facilitamos un enlace para que puedan leer este trabajo junto a otros muchos que también les pueden resultar interesantes:

https://www.psicologazaragoza.es/wp-content/uploads/2019/06/Cuadernos-de-psiquiatr%C3%ADa-y-psicoterapia-del-ni%C3%B1o-y-del-adolescente.pdf

En este escrito Elisa Peinado nos invita a reflexionar sobre el panorama de la sociedad actual, totalmente atravesado por el uso de las nuevas tecnologías. Así pues la autora dirá que “este panorama nos convoca como profesionales a afinar nuestra escucha
y ampliar nuestra mirada, si queremos acompañar y sostener a nuestros adolescentes.”

“creo que es crucial adaptar nuestra técnica  a los niños y adolescentes que muestran subjetividades propias del momento.”

Nosotras, totalmente de acuerdo con la idea de ir actualizándose y “abriendo oído”, hemos contactado con Elisa para hacerle una pequeña entrevista sobre su trabajo y otras preguntas relacionadas con el avance de las tecnologías en la sociedad.

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VIII Congreso Europeo de Psicopatología del Niño y del Adolescente y XXX Congreso de SEPYPNA. Simposio 6.
Aspectos técnicos en la psicoterapia del adolescente (Sección de Niños y Adolescentes de FEAP). Junto a Agustín Bejar (moderador) y Joseph Knobel

Normalmente se percibe el uso de los aparatos como algo negativo y a eliminar ¿Qué te llevó a tomarlo y usarlo como vehículo conector con los adolescentes que atiendes?

Antes de nada agradeceros el interés que habéis mostrado por la comunicación que presenté tanto en el VIII Congreso Europeo de Psicopatología del Niño y del Adolescente como en el Taller principio de curso de  nuestra casa,  AAPIPNA. También daros la enhorabuena,  por el gran trabajo que estáis realizando.

Y respondiendo a vuestra pregunta, como muy bien planteáis, las nuevas tecnologías son vistas como algo “adictivo” o negativo, ¡qué tiene que ser controlado!. Es la queja habitual que escuchamos en la calle, en el día a día, en consulta, dicha por padres, profesores, etc. El problema que como en otras muchas cuestiones en este momento social, se lleva a cabo una doble comunicación, se habla como algo pernicioso, pero a la vez, lo que mostramos como padres, como adultos y como sociedad es que estamos continuamente interconectados, en red, pero desconectados muchas veces de quien tenemos en frente.

Pienso que, como todo, no es cuestión de si es bueno  o malo, per se, sino que va a depender del “uso” que le demos. Desde mi  forma de trabajar es muy importante ir construyendo un “idioma” común con mi paciente. Ir de a poco,  acompañándole terapéuticamente   a partir de lo  que trae a transferencia, sean sus palabras, su jugar, su forma de estar conmigo, sus mediadores (juguetes, pantallas, etc.). En definitiva, iremos juntos creando un espacio común, en que se irá escenificando su subjetividad, sus defensas, sus miedos, sus ilusiones, etc.

vemos como los adultos dejamos solos a nuestros hijos,  sin acompañarles en la elaboración de todo lo que viven. Le ofrecemos algo externo, desde chiquitos, para que se entretengan, sin implicarnos emocionalmente en ese juego, en ir poniendo palabras, risas, complicidad.”

Así que  en este panorama, en el que las nuevas tecnologías son ya inherentes a nuestro vivir, creo que es crucial adaptar nuestra técnica  a los niños y adolescentes que muestran subjetividades propias del momento. Por lo tanto, soy partidaria del “uso”  de dispositivos en la consulta si así lo solicitan, ya que da lugar a toda una representación del mundo interno, en la interacción continua entre el empuje pulsional y la relación objetal, mostrándolo a partir de lo que elige en cada momento, su proceder de cómo lo gestiona, si hace partícipe al terapeuta o no, las asociaciones que vienen aparejadas al desarrollo, su actitud ante las distintas vicisitudes que tiene que ir manejando, etc.

Lo novedoso del encuentro con otro es el poder estar abiertos al devenir de lo que pueda ocurrir. Podemos buscar explicaciones, interpretaciones, teorizar, pero si no somos capaces de conectar con ellos emocionalmente, ofreciéndoles un lugar, una presencia y una escucha genuina, se abrirá una brecha generacional y un sinsentido, insalvable.

En tu trabajo hablas sobre esta forma de comunicación de los “nativos de la tecnología”. Sabemos que somos sujetos culturales atravesados por la forma de hacer que hay en nuestra sociedad, con esto nos surge la pregunta ¿Esta “comunicación” tiene que ver con el hecho de cómo calmamos a los niños ante la frustración, dándoles las tablets o móviles, o va más allá de esto?

Como decís,  todos estamos atravesados por  la época que nos toca vivir, no es lo mismo un adolescente de ahora,  que de final del siglo pasado o de los años 80. La oferta simbólica actual a través de la masificación de las nuevas tecnologías, produce cambios en la subjetivación, ligados éstos a los movimientos socioculturales que estamos viviendo, es una retroalimentación identificatoria mutua y continua entre la sociedad y el individuo, y viceversa.

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Los niños y adolescentes de hoy en día son “nativos digitales” término acuñado por M. Prensky,  nacen  y se desarrollan en un contexto en el que las nuevas tecnologías forman parte de su cotidianidad, en definitiva, lo “maman”, es su lengua materna. Con unas características peculiares de atención, percepción y elaboración  de la información, que para nosotros los adultos, las vivimos como ajenas. Sin entender, que el acceso masivo que los niños y adolescentes tienen en la actualidad a los medios tecnológicos, contribuyen a la decadencia del modo clásico de aprender y enseñar, de situarse en el mundo, de entretenerse, de relacionasen con los otros. Ya que se han producido emergencias de nuevas modalidades de percibir, atender, vincularse, comportarse, etc. Tales como atención a lo visual, nuevos estilos perceptuales que implican una diferente síntesis cognitiva, la cual es conectiva y paradojal, en contraste con lo secuencial,  absorben gran cantidad de información multimedia, aprendizaje rápido, diversificado y masificado, utilizan y consumen simultáneamente múltiples fuentes de datos, esperan respuestas instantáneas, permanecen comunicados permanentemente y funcionan mejor en red, crean sus propios contenidos y son jóvenes multitarea.

Va mucho más allá de la forma en que los padres calmen a los hijos, con algo que les fascina por el atractivo intrínseco de lo  multimedia. Sin embargo, si es importante si lo contextualizamos, porque vemos como los adultos dejamos solos a nuestros hijos,  sin acompañarles en la elaboración de todo lo que viven. Le ofrecemos algo externo, desde chiquitos, para que se entretengan, sin implicarnos emocionalmente en ese juego, en ir poniendo palabras, risas, complicidad. O de más mayores limitamos, pero no compartimos tiempo, estando presentes,  no  hablamos de ello, no dialogamos. Imponemos,  sin ser conscientes de nuestra connivencia en cómo se sumergen en las nuevas tecnologías, algunos como única forma de navegar en el mundo.

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Podríamos decir que el “uso” que se haga de las pantallas va a depender del psiquismo de cada uno, de cómo ha sido el encuentro con el otro y de su devenir en la vida. Cuando nacemos, venimos al mundo con la subjetividad desnuda, nos iremos constituyendo psíquicamente en relación con nuestras de figuras de maternantes, para luego entrar en la terceridad, es decir, en la sociedad, aprender a que no somos el centro del mundo y que hay que compartir. Si todo va suficientemente bien, pasaremos de la dependencia absoluta a la independencia. Pero si se han  producido fallas constitutivas, puede que la forma de vincularse con las pantallas sea vivirlas como “refugios psíquicos” siguiendo a Steiner, como una suerte de salvación para sostenerse en el mundo, de hacerlo más habitable. Otros, lo usarán como barrera de paraexcitación, haciendo de amortiguador en el encuentro social con los demás. Algunos de forma defensiva o restrictiva y los que tienen mayor capacidad de riqueza psíquica, de una forma más transicional, rica y creativa. En definitiva, dependerá de la idiosincrasia personal, del distinto entramado representacional.

Es importante que nos podamos olvidar de teorías aprendidas, para estar presentes y leer entre líneas esos diferentes compases que nos expresan, a través de la dispar y particular escenificación de sus procesos psíquicos. Este es nuestro trabajo ir comprendiendo, acompañando e interviniendo, desde el lugar que cada uno puede transitar.

  ¿Hay un deseo genuino en la persona de despegarse de ese móvil/tablet y poder vincularse de otra manera, o ese deseo se va generando debido al proceso terapéutico?

Como he dicho antes, todo va a depender del caso por caso, de la constitución subjetiva del chico. Algunos lo pueden manejar como algo transicional al llegar a la consulta y dejarlo olvidado, como la mantita que se va quedando en un rincón postergada. Recuerdo un adolescente que llego  a consulta  y no soltaba su móvil, (era su tesoro),  “estaba conmigo” en transferencia, pero a la vez estaba con otros que le acompañaban en la red. Se me ocurrió que quizás era una buena idea “conectarme” con él, a través de su “idioma” y le hablé por  el WhatsApp. Para él fue sorprendente y divertido, pudimos encontrarnos en ese momento e ir creando algo juntos, nuevo. Lleva en terapia cinco años y esa etapa quedo en el recuerdo..

Otros muchos chicos vienen agarrados a las pantallas, representando para ellos “refugios psíquicos”, con una función desobjetalizante. Exiliados del mundo real, atrapados en su realidad paralela. Algunos no  han podido ir construyendo su subjetividad y necesitan las pantallas para sostenerse, replegándose sobre ellas y depositando su libido, como “segunda piel”, Esther Bick. En estos casos que me refiero, no hay transición de los objetos primarios al mundo, se quedan allí, en el espacio virtual como destino, Que no tiene nada que ver con el placer de jugar, de interconectarse, sino con el goce. Un goce mortífero y repetitivo, fascinados, imposibilitándoles incluirse en la realidad, que la sienten hostil y gris, no habitable.

“Si se salen de lo esperable -por los adultos claro- serán derivados al sistema sanitario, donde se les “etiquetará”, seguramente medicará, pero no se sentirán escuchados, No habrá un espacio compartido dónde puedan mostrar su subjetividad, sus síntomas, sus defensas, sus miedos, sus ilusiones. Se sentirán incomprendidos, acallados y solos.”

Para ellos no es una cuestión de deseo, es la  manera de poder ser y estar en el mundo. De ese punto de partida, el que les es posible a cada uno,  vamos trabajando terapéuticamente, hacía un destino en  que puedan reconstruirse y sentirse deseantes, vivo y reales. El trabajo a veces es arduo y lento. Pero siempre con la esperanza de la creación juntos de un espacio confiable, donde puedan ir constituyéndose, tejiendo de a poco con  material psíquico agujeros hasta el momento irrepresentables, haciendo posible algo distinto.  A partir del proceso, de lo que vamos viendo en los juegos, la forma de interaccionar conmigo,  de vivir los distintos personajes o app, etc.  Algunos podrán ir  haciendo un uso más de tipo transicional, en el que van tramitando y elaborando sus identificaciones, su diferenciación yo-no yo, su estar en el grupo de iguales, su narcisización, etc. Incluso podrán sublimar y desarrollar una creatividad de forma espectacular, hasta entonces insospechada.

Es un hecho que las nuevas tecnologías forman parte de nuestra vida ¿Cómo podemos utilizar (o no utilizar) éstas para que no genere esa barrera en el vínculo?

 Las nuevas tecnologías forman parte de nuestro día a día, no sólo de los adolescentes,  también de nosotros los adultos. Esto es un hecho más que consumado. Es crucial que tengamos en nuestra cabeza, una visión integral y profiláctica de los factores influyentes, que de algún modo preestablecen un  tipo de “uso” u otro de las nuevas tecnologías. Tendremos que tener en cuenta tanto lo que todos traemos de base, como lo intersubjetivo y lo transubjetivo. Para ello, es muy importante no denigrar las nuevas tecnologías, sino ser conscientes del “uso” que hacemos de ellas. Primero como familia, buscando un ambiente facilitador, ya que  la forma en que nos impliquemos con nuestros hijos, desde el primer momento que vienen al mundo va a ser determinante. Un bebe necesita ser mirado, libidinizado, sostenido. Por el contrario, no necesita una persona que lleve a cabo la función materna y  que esté más pre(ocupada) por las redes sociales o por ver la película, que por envolver a su hijo, con una mirada de amor, de traducir los sonidos, del placer que se transmite o no.

Internet padresPodemos ir progresando en la  edad e ir pensándo(nos) en esta función materna y paterna. Sabiendo que somos referentes identificatorios de ellos, que depende de nuestra implicación emocional, de nuestra coherencia, de nuestro acompañarles y dialogar, de nuestra forma de poner límites o de colmarlos sin poder tolerar la falta, todo esto e infinidad de matices en la forma que estamos o no estamos, va  a determinar su forma de situarse en la vida, y por ende, con las nuevas tecnologías.

A nivel social es muy importante ser conscientes del mundo convulso que vivimos. Las instituciones sociales, políticas, judiciales y educativas se han visto obligadas a dar una respuesta, a los cambios vertiginosos sin parangón que estamos atravesando, sin estar preparadas para ello. No existen teorías ni experiencia previa, que puedan ser el cimiento de una valoración profunda, sobre lo que está aconteciendo y como atenderlo. Lo que nos convoca desde el psicoanálisis, en interacción con otras disciplinas, a  dejar atrás visiones restringidas y obsoletas, para reflexionar desde una perspectiva interdisciplinar y compleja, sobre la trascendencia de la realidad social actual.

Es imprescindible que desde nuestro lugar, como profesionales de la salud mental, afinemos nuestra escucha y tengamos una visión más global de lo que está aconteciendo. Si no podemos deslizarnos de nuestro lugar y dejarnos llevar por lo que se impone en la sociedad, es decir, no sólo no se ve a los niños como víctimas de este momento histórico, sino que se les sanciona por ello. Se les pide que se sometan a un sistema educativo obsoleto, por la irrupción de nueva forma de percibir y atender, pero a la vez que sean exitosos, controlen nuevas tecnologías  y sepan no sé cuántos idiomas. Si se salen de lo esperable -por los adultos claro- serán derivados al sistema sanitario, donde se les “etiquetará”, seguramente medicará, pero no se sentirán escuchados, No habrá un espacio compartido dónde puedan mostrar su subjetividad, sus síntomas, sus defensas, sus miedos, sus ilusiones. Se sentirán incomprendidos, acallados y solos.

Hoy en día, no solo los pacientes llevan a consulta las nuevas tecnologías, también hay psicólogos que ofrecen un servicio on-line, incluso aplicaciones para llevar a tu psicólogo en el móvil ¿Cómo crees que puede afectar este tipo de modalidad terapéutica a estas conflictivas vinculares a las que nos enfrentamos?

Cuando yo comencé hace años, si algún paciente se iba fuera por motivos de trabajo o estudios, continuábamos con la  terapia  a través de videoconferencia. Al comentar esto, no era muy bien visto por personas con posturas más ortodoxas, pero yo veía que en la mayoría de los casos, una vez elaborado el cambio,  continuábamos con el proceso terapéutico. Creo que esto tiene que ver con el encuadre interno del terapeuta y de la constitución subjetiva del paciente. Para que pueda desplegarse la transferencia, tiene que crearse un ambiente facilitador en que uno pueda confiar y a partir de ahí, ir elaborando no sólo lo antiguo, sino ir creando algo novedoso en esa dupla psicoanalítica. Serán necesarias unas condiciones para ese encuentro, en que ambos se comprometen, un espacio compartido emocional en que el terapeuta muestra un deseo genuino de escucha y una presencia auténtica. Esto permite que se posible trabajar, pensar y pensar(se). La esencia se mantiene, produciéndose una evolución en que nosotros los psicoterapeutas hacemos una adaptación técnica al momento que vivimos. Hasta ahí, me parece no sólo adecuado, sino totalmente necesario, no podemos situarnos alejados del mundo, en una realidad paralela victoriana. Me resultaría carente de sentido común y de ética.

Ir más allá, “y tener a tu psicólogo en el móvil”, las 24 horas, cuanto menos me resulta inquietante, es una forma de potenciar la omnipotencia,  lo indiscriminado, el todo vale y el consumismo como esencia, que vivimos actualmente.

Si hablamos de apps que ofrecen terapias, pero sin el encuentro con una persona y con unas condiciones que permiten que se desarrolle la transferencia, para mí ya no es terapia, será otra cosa y podrá tener otro “uso”. Nuestra sociedad de la hipercomunicación, del estar rodeados pero sentirnos profundamente solos, del cansancio producto de una continua exigencia  narcisista, que el filosofo Byung-Chul Han lo describe en sus libros de una manera magnifica. Han producido nuevas irrupciones de subjetivación y de  modalidades de vincularse con alguien, o quizás debería decir de conectarse y desconectarse, sin profundidad. En este contexto, se están creando apps que intentan compensar, reparar, mitigar  necesidades emocionales actuales. Incluso crear la esperanza que alguien virtual, casi un avatar, te va a acompañar, sostener y hacerte sentir lo que es vivir.

Otras apps que he visto que ofrecen información, acompañamiento, “terapias” tipo libro autoayuda con mil consejos, son lo que son y tienen un recorrido limitado. El peligro es cuando la gente se confunde y piensa que haciendo este tipo de procesos va a llegar a un puerto más profundo.

“No existen teorías ni experiencia previa, que puedan ser el cimiento de una valoración profunda, sobre lo que está aconteciendo y como atenderlo. Lo que nos convoca desde el psicoanálisis, en interacción con otras disciplinas, a  dejar atrás visiones restringidas y obsoletas, para reflexionar desde una perspectiva interdisciplinar y compleja, sobre la trascendencia de la realidad social actual.”

Esperamos que hayáis disfrutado de esta lectura tanto como nosotros disfrutamos de la entrevista. ¡Hasta el próximo mes y feliz inicio de año!

 

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