Infancia y Adolescencia en la desescalada frente al covid-19: entrevista a Claudia Schutt.

Desde el equipo de Creciendo Con Eco, y como ya comentamos con anterioridad, continuamos pensando la situación actual que atravesamos, actualmente la desescalada frente al Coronavirus. Esta vez contamos con una entrevista realizada a Claudia Schutt Elman.

Claudia Schutt Elman.
Claudia Schutt es psicoanalista, miembro de la APM y psicoterapeuta didacta de FEAP. Forma parte del Consejo Rector de AAPIPNA y Coordinadora del Departamento de Formación de la misma asociación.

Creo que hay que anticiparles los cambios que se van produciendo respecto de los “permitidos” y “prohibidos” de cada momento e intentar hacerlo con tranquilidad y creatividad para poder ir sustituyendo los hábitos anteriores por unos nuevos.

Hace un mes comentabas en uno de los vídeos de “Compartir en familia” la importancia de poder informar a los más pequeños sobre lo que está ocurriendo de una manera adecuada a su edad además de la importancia de conectar emocionalmente con ellos. Nos gustaría saber, ahora que ya están empezando a salir de casa, ¿cómo crees que se está explicando el hecho de que aunque se pueda salir a la calle sigue habiendo restricciones y medidas que tomar, para que sean conscientes, sin que esto genere miedo o desconfianza a la hora de salir a jugar al exterior?

Creo que, al igual que como se planteó respecto del confinamiento, los niños deben tener una explicación comprensible y adaptada a la edad de cada uno respecto de los nuevos pasos a seguir. La situación es más compleja porque hay fases, marchas y contramarchas producidas por lo dinámico de la situación sanitaria (y a veces política) que resultan difíciles de comprender para el sujeto adulto. Se dificulta entonces la trasmisión a los niños.

En cualquier caso, la trasmisión dependerá de las características personales, emocionales, y de cómo han podido tramitar esta crisis los padres o madres que convivan con ellos.

Creo que hay que anticiparles los cambios que se van produciendo respecto de los “permitidos” y “prohibidos” de cada momento e intentar hacerlo con tranquilidad y creatividad para poder ir sustituyendo los hábitos anteriores por unos nuevos.

Me consta que está apareciendo mucha sintomatología en los niños desde que empezamos la desescalada. Hay niños y niñas que manifestaron mucho miedo al tener que salir a la calle y otros que desafiaban todas las prohibiciones. En la mayoría de los casos los síntomas han ido remitiendo al repetirse el escenario y poder poco a poco ir “normalizándolo”. Aunque evidentemente no nos encontramos en ninguna situación habitual hasta hace unos escasos meses.

Todo esto produce efectos en adultos y niños. Además, si los adultos cuidadores tienen mayores recursos internos para ir elaborando esta situación tan compleja podrán brindar un marco de seguridad a los niños a su cargo, que en cierta medida podrá paliar los efectos traumáticos de esta crisis. Respecto de las prohibiciones y restricciones quisiera agregar una reflexión. Hace varios años que se está hablando de la dificultad de muchos padres de poner límites a sus hijos, la caída de la autoridad, del padre (no siempre ejercida por un progenitor varón) y los efectos que esto producía en los niños y adolescentes.

Respecto de las prohibiciones y restricciones quisiera agregar una reflexión. Hace varios años que se está hablando de la dificultad de muchos padres de poner límites a sus hijos, la caída de la autoridad del padre (no siempre ejercida por un progenitor varón) y los efectos que esto producía en los niños y adolescentes.

Con la pandemia, lo que está ocurriendo es que esa autoridad fue asumida con mucha firmeza por un “súper padre” llamado Estado que castiga duramente cualquier incumplimiento de los límites.

Tendremos que ver los efectos a largo plazo de esta nueva coyuntura, si han persistido síntomas que se desencadenaron por el confinamiento y si se han desbloqueado otros por los límites que fueron impuestos por fuera del ámbito familiar.

Recordemos que para todos, pero muy especialmente para los adolescentes, lo que transcurre fuera de la familia tiene una importancia particular y estructurante.

Partiendo de la visión parental en la que se veía como excesivo el tiempo que pasa un adolescente en redes, desde la parte del adolescente, es muy importante la comunicación y contacto con sus pares. El aislamiento provoca que estos menores pasen más tiempo del que ya pasaban anclados en estos dispositivos, ¿cómo se gestionaría esto desde los hogares?

Los adolescentes y las pantallas. Creo que en muchos casos está demonizado el uso de las pantallas por parte de los adolescentes “per se” y se ha intentado regular en función casi exclusivamente a través de la cantidad de tiempo que se considera adecuada para el uso del ordenador como si se tratase de una actividad de huida o de distracción de “lo importante” que serían otras actividades. 

La vida de los adolescentes de hoy en día transcurre en gran medida frente a las pantallas y aunque innegablemente en muchos casos las actividades que realizan en ellas representan una huida del mundo no virtual y en muchas ocasiones funcionan como defensa frente a situaciones menos controladas y por tanto amenazadoras, no siempre es así.

Creo que el uso de las pantallas debe estar sujeto a cierta regulación por parte de las figuras parentales, cuando la autorregulación no funciona y no creo que deba medirse el tiempo supuestamente adecuado sólo en términos cuantitativos. Se deberían tener en cuenta otros factores como el tipo de relación que establecen con esas pantallas, si sólo están al servicio del aislamiento o si son el vehículo por el cual se establecen vínculos en la red. Sabemos que gran parte de los juegos son interactivos y que jugando en línea se establecen amistades que muchas veces con el tiempo se continúan de forma presencial.

¿Qué ocurrió en el confinamiento? Que gran parte de nuestras vidas transcurrió entre pantallas, clases online, teletrabajo, vídeo-cenas y vídeo-aperitivos, etc… Y personalmente creo que gran parte de esta actividad en las redes llegó para quedarse.

Por eso invité, en los vídeos que hice, que eran de difusión masiva y especialmente para padres y madres, a que se flexibilizaran mucho, en el caso de los adolescentes, los tiempos permitidos para la vida en las redes. Porque al estar prohibidas todas las actividades por fuera de la familia, la única alternativa para vincularse con sus pares y con el mundo más allá de las fronteras del hogar, fue Internet.

Recordemos que para todos, pero muy especialmente para los adolescentes, lo que transcurre fuera de la familia tiene una importancia particular y estructurante.

Según las leyes que se han establecido en cuanto a las salidas de los jóvenes, ¿cómo crees que puede estar siendo el efecto de volver a ver a sus iguales con las restricciones establecidas de distancia social y contacto físico?

Creo que está siendo muy difícil para los jóvenes mantener las normas de distancia social en la desescalada.

Habrá adolescentes que estén muy asustados y preocupados por lo que les pueda ocurrir, con angustias hipocondríacas y con inhibiciones. Pero probablemente la mayoría intente transgredir las medidas que impone el gobierno. Trasgredir es parte del trabajo adolescente y luego de estar confinados tanto tiempo es, y lo estamos viendo, muy difícil que no intenten olvidar “la pesadilla” de haber estado tan distanciados y vigilados y que quieran “salir de fiesta” para olvidarlo todo. Es lo esperable y con ello tenemos que contar.

En cuanto a la vuelta al espacio terapéutico físico, ¿qué crees que se puede movilizar en este traslado temporal del espacio físico de terapia, tanto en el terapeuta como en el paciente niño o adolescente?

Eso habrá que verlo en el caso por caso. Cada paciente es singular y cada analista también lo es.

Hay terapeutas que se han sentido muy incómodos y agotados con el trabajo a distancia y otros no tanto. También entran en juego los propios temores de unos y otros al retomar el contacto presencial que tampoco volverá a ser como antes. Hay medidas que se nos imponen para volver a las consultas que hacen que este espacio no sea como antes del confinamiento.

Está claro que esto afectará en mayor o menor medida a la pareja analítica. Se produjo un cambio de espacio, de hábitos y tendremos que atender a estos cambios pudiendo pensarlos. Intercambiar experiencias con colegas se ha tornado fundamental para poder ir reflexionando en todo ello. 

Puede ser que ante la modificación del proceso identificatorio con los pares y con otros adultos que han sido de referencia, ahora predomine el formato digital a través de imágenes. ¿Cómo puede incidir en este proceso identificatorio visualizar escenas idealizadas en las que predomina la exposición del cuerpo sobre las representaciones de la propia imagen corporal del adolescente en un contexto que limita el contraste con la realidad externa?

Efectivamente, en los últimos tiempos, la imagen tiene un rol protagonista en las redes, y, en particular, entre los adolescentes. Instagram y lo que allí circula es predominantemente visual. No creo que esto necesariamente desconecte a los jóvenes del mundo real pero efectivamente y, no sólo para ellos, las exigencias que imponen las imágenes de cuerpos perfectos, lugares idílicos y la exhibición de vidas supuestamente súper felices y perfectas pueden reforzar los sentimientos de extrañeza respecto del propio aspecto físico y de la propia vida que siempre parecen pobres respecto de esos ideales imposibles.

No son sólo las imágenes, los ideales han cambiado y se han tornado muy exigentes. El mundo ofrece (u ofrecía porque esta pandemia ha limitado temporalmente parte de ellas) muchas más alternativas y pareciera que hay que explorarlas todas. Los adolescentes son más vulnerables a todo ello. Pero como en toda reflexión de este tipo habrá que ver el caso por caso.

Parece que hay una dificultad para entender la adolescencia y los procesos adolescentes: el primer artículo de la Convención de los Derechos del Niño dice que un menor lo es hasta los dieciocho años, ¿cómo han podido vivir los adolescentes el haber sido incluidos en la franja horaria del adulto durante la desescalada? ¿podría tener implícita esta medida gubernamental de separarles de grupo un sentimiento de pertenencia a un mundo adultiforme?

La adolescencia no está apenas contemplada legalmente. La ley discrimina entre mayores de 18 años como adultos y menores de edad. Entre los menores se encuentran los niños hasta los 12 años o en algunos casos hasta los 14 años. Y para los criterios de salida el referente es el actual estado de alarma que reguló la salida de niños hasta 14 años acompañados, adultos y mayores de 70 años. Los adolescentes a partir de los 14 años por lo tanto quedaron implícitamente en el grupo de adultos.

Personalmente y en este caso creo que no es demasiado relevante. Estamos hablando de un estado temporal y excepcional. Han predominado otros criterios.

Creo que la adolescencia tiene su especificidad que debe ser tenida en cuenta por las familias, por los centros educativos y en el ámbito sanitario. Hay pocas especialidades médicas que tengan en cuenta esta etapa de la vida. Por ejemplo, en otros países hay ginecólogos que atienden a las necesidades específicas de las adolescentes y lo mismo ocurre con otras especialidades.

Tal vez esto sería un tema interesante de debate interdisciplinar.

 

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