Gisela Untoiglich: Aspectos develados en la emergencia sanitaria

Desde el equipo de CCE, continuamos pensando acerca de las infancias y adolescencias y su tránsito durante la situación de emergencia sanitaria actual. Para ello, en esta ocasión, nos reunimos de manera virtual con la Dra. Gisela Untoiglich con la que se generó un enriquecedor encuentro, que compartimos con vosotros a continuación:

Dra. Gisela Untoiglich

Dra en Psicología – Universidad de Buenos Aires.
Codirectora de cursos de posgrado sobre infancia (Forum Infancias, FLACSO y UBA)
Profesora invitada por diferentes instituciones y universidades de Argentina, México, España, Uruguay, Brasil y Chile.
Ganadora del Premio Facultad de Psicología 2005: “Aportes de la Psicología a la problemática de la niñez”.
Miembro fundador del Forum Infancias.
Supervisora de equipos de diferentes instituciones públicas y privadas.
Autora y coautora de numerosos textos, entre ellos: un nuevo libro para niños y no tan niños: Y acá estoy… con el mundo patas para arriba (cuarentena 2020) y libros para profesionales, algunos son: Infancias. Entre espectros y trastornos (Paradiso, México, 2017) Autismos y otras patologías graves en la infancia (Noveduc, 2015); En la infancia los diagnósticos se escriben con lápiz (Noveduc, 2013).

“El cristal se rompe por el lugar que ya estaba previamente demarcado”- Freud.

Partiendo de un modelo biopolítico en el cual una acción que diese cuenta de subjetividad y heterogeneidad humana podría ser reducida a una desviación y un déficit, ¿Qué sucede con los niños que quedaban fuera de los estándares del currículo escolar, y que en estos días además están aislados?

Te puedo comentar desde la situación argentina, suponiendo que en varios aspectos es algo similar a la española. Esta situación, de algún modo, puso de manifiesto lo peor y lo mejor de cada persona y de cada sociedad. Es como una lupa de aumento que extremiza lo bueno y también lo malo del otro y ha puesto de manifiesto todo lo que estaba andando mal. Freud comentaba que “El cristal se rompe por el lugar que ya estaba previamente demarcado” y en el caso de la sociedad, claramente, se vio en relación a los grupos más vulnerables. Estos grupos quedaron mucho más vulnerados en sus derechos y sus posibilidades, hay países y sociedades que se están pudiendo hacer cargo de esos grupos y otros que están aprovechando para hacer un exterminio solapado y no tanto de sus poblaciones más vulnerables. En sociedades donde predomina más el neoliberalismo y hay una ultraderechización de la sociedad se está haciendo una limpieza de grupos vulnerables. Si esos grupos tenían pocas posibilidades, hoy no tienen casi ninguna en situaciones donde se selecciona quiénes vivirán y quiénes morirán cuando no existe un acceso a la salud garantizado para todos y todas y se terminan generando situaciones en las que te mata el virus o te mata el hambre.

La pandemia pone de manifiesto la cara más cruel de la biopolítica y, en los niños con necesidades especiales respecto a lo escolar y a su atención clínica, la gran divisoria es, quien tiene acceso a internet y a un dispositivo móvil con datos y quién no y quedó “fuera del área de cobertura”. Hay familias que no tienen o solo tienen un dispositivo para todos. Hay escuelas que si que están tomando esto en cuenta, en cambio, otras no. Algunas están haciendo lo imposible, tratan de llegar a las casas de algún modo, mandan cuadernillos y fotocopias, dan clases por radio y televisión; otros simplemente se olvidaron de que había niños que no tenían ese acceso. Por eso, me parece que no se puede generalizar y dar una única respuesta. Hay escuelas que están haciéndolo muy bien con lo que tienen. Hay maestros que por fuera de las escuelas están haciendo de todo, y otros se olvidaron. No se puede generalizar, pero como cuestión de base con este virus se ponen más en evidencia las desigualdades en las distintas sociedades y cómo se transitan

Hay escuelas que están viendo como conectar con los chicos desde otro lugar y hay otras que creen que los chicos son receptáculos de tareas que tienen que llenar.

¿Cuáles cree que pueden ser los efectos de esa paralización y la vuelta al colegio?

Repensaría la pregunta, es decir, si este es un tiempo de paralización o si se puede plantear en esos términos. La palabra paralización da la idea de que el tiempo se puede parar, pero en realidad este no queda parado nunca. Muchos preguntan si en el verano se va a recuperar lo que no se dio, como si los niños o los maestros no hubieran estado trabajando durante todo este tiempo durísimo. En muchos casos han trabajado más que nunca. Como comentaba, plantearlo en términos de paralización puede dar la impresión de que el tiempo se puede quedar parado y en realidad el tiempo siempre sigue adelante y a todos nos han pasado cosas en este tiempo. Cosas sumamente enriquecedoras, por ejemplo, los niños pasaron más tiempo que nunca con sus padres y antes muchos los veían con suerte dos horas al día. Aunque no se puede generalizar, hay niños que han ganado tiempo de vínculo de una manera enorme. Han podido imaginar, producir un montón de cosas; por supuesto los que tenían recursos psíquicos, simbólicos y económicos para transitar la cuarentena con ciertos niveles de seguridad, otros niños acrecentaron sus niveles de desamparo y vulnerabilidad.

El tiempo no se para y es importante no verlo como tiempo perdido que la escuela tiene que recuperar, como si esto no hubiera pasado, haciendo borrón y cuenta nueva. Ojalá las escuelas puedan estar a la altura de recoger todo lo que pasó en este tiempo en el que no se vieron y pensarse distinto y no tener tan puesto el acento en la productividad, el rendimiento y “que no se baje el nivel” Es necesario que cuando se vuelvan a encontrar físicamente haya espacio para reflexionar sobre las cosas que pasaron y apostar sobre las cosas que fueron buenas e interesantes y que ganaron los chicos y dar espacios elaborativos para lo doloroso. Las escuelas tendrían que repensarse no solo como dadoras de contenidos académicos y programas ya establecidos, repensar sus objetivos, qué es lo que hoy, de verdad vale la pena enseñar, lo que los chicos no pueden conseguir solos en los tutoriales de Youtube, esto tiene que ver con el lazo social, con el cobijo, con el sostén que hace la escuela de tantos niños, niñas y sus familias, dando un enorme valor a la escuela y a la labor cotidiana de sus docentes. La mayoría de los chicos están extrañando a la escuela, en especial lo vincular de ésta, sus amigos, los afectos, el encuentro subjetivo con los docentes. Si la escuela pudiera aprender de eso, creo que sería maravilloso, en vez de pensar que tendrían que estar ganando un tiempo que se perdió de contenidos académicos. Hay escuelas que están viendo como conectar con los chicos desde otro lugar y hay otras que creen que los chicos son receptáculos de tareas que tienen que llenar. Los niños y los adultos que vuelvan a las escuelas van a ser diferentes, sería importante que la escuela pudiera tomar esa diferencia como ganancia.

Algunos profesorados donde se enseña magisterio, mantuvieron sus programas como si nada pasará, pienso que no están dimensionando lo que le sucede a los estudiantes y a los propios docentes y por otro lugar, también están enseñando a los próximos docentes que se puede dar un programa sin tomar en cuenta el contexto, están haciendo un como sí para seguir con el programa que está establecido. Si hay algo que nos podría enseñar esta pandemia es plasticidad, con las herramientas que tienes, inventar nuevas posibilidades. Esto nos está pasando en las aulas, en la clínica, la respuesta que suelen dar muchos profesionales es: “no estamos preparados para esto”; en realidad, justo para una pandemia no estaba preparado nadie, por lo tanto, no hay recetas ya establecidas que puedan ser aplicadas o alguien que sepa más. Están los que se comprometen, los que están disponibles, los que están dispuestos a reinventarse y reinventar. Las recetas viejas no sirven porque el contexto es completamente otro y las personas que estamos en este contexto también estamos cambiando. Todos estamos afectados de algún modo por esta situación y lo peor que podemos hacer es hacer de cuenta que no estamos afectados y solo creer que tenemos que mantener los niveles de productividad intactos.

La respuesta que suelen dar muchos profesionales es: “no estamos preparados para esto”… Las recetas viejas no sirven porque el contexto es completamente otro y las personas que estamos en este contexto también estamos cambiando.

Ilustración: Gonzalo Barrera

Especulan que el niño pueda quedarse cuatro horas frente a la pantalla solo, atendiendo la clase, quieto y siendo autónomo….. es algo muy deseable que suceda como un punto de llegada, pero es una confusión suponer que los niños tienen que poder solos.

Al igual que en algunos idiomas los adjetivos se pueden convertir en nombres mediante el intercambio de sufijos, tornando estos adjetivos en una nueva identidad. ¿Es posible que ciertos adjetivos que describen síntomas, o categorías diagnósticas, se estén implementando como un nombre, casi propio, para los propios niños y adolescentes?

Sí, esto es algo que veníamos viendo, cómo determinadas características de los niños se convertían rápidamente en un diagnóstico y este venía a reemplazar el nombre propio del niño. Entonces: un niño se mueve mucho, es hiperactivo; tiene dificultades con la interacción social, pasa a ser autista o TEA; el que más contesta, pasa a ser el TND. Alguien de España me decía, en relación a la cuarentena, que muchos de los diagnósticos han quedado de lado. En algunos casos los niños han pasado más tiempo con sus padres de manera que ha cambiado la mirada sobre ellos. Quizás, en algunos casos, se ha podido observar donde estaban las dificultades reales, por ejemplo, padres que han podido ver cómo funcionaban ciertas escuelas y han dicho: “¡Ay! Pero esto es un aburrimiento absoluto, yo no me quedaría aquí”, y es, bueno, te lo venía diciendo no es que el niño tenía un problema tan grande, esto en algunos casos. También, por otra parte, hay familias en las que los padres trabajan desde casa muchísimo y especulan que el niño pueda quedarse cuatro horas frente a la pantalla solo, atendiendo la clase, quieto y siendo autónomo. Es muy difícil pedirle eso a un chico de 6-8 años, es imposible. Entonces los padres creen que el chico tiene un problema, pero es un niño y difícilmente tenga ese nivel de autonomía que el adulto necesita para poder sostener la escuela en casa, el trabajo en casa y sin ayudas externas como podían ser, por ejemplo, los abuelos. Por supuesto que la autonomía, es algo muy deseable que suceda como un punto de llegada, pero es una confusión suponer que los niños tienen que poder solos, cuando los maestros están en presencia física sostienen a sus estudiantes e inventan estrategias para convocarlos, ahora éstas se encuentran muy limitadas. Por otra parte, está la creencia de que podría haber una crianza sin adultos y la verdad es que no, no hay crianza sin adultos criando y sosteniendo. En muchas ocasiones la escuela es muy sostenedora, pero en su versión virtual no alcanza. El niño necesita un adulto cercano que lo incentive, lo ayude, le explique. El niño pequeño no puede aprender un tema nuevo leyendo, necesita una explicación del adulto.

Etiquetar a un niño porque no está pudiendo producir como si no pasara nada, es parte del problema donde se sigue poniendo por delante la productividad creyendo que se puede producir a cualquier costo sin importar la circunstancia.

Entendiendo el encuentro como un acontecimiento que es imprevisible, ya que se sale del orden natural, porque es inesperado y parte desde un no-saber que se da en la experiencia de construcción conjunta además de provocar que no permanezcamos igual que antes. ¿Qué desafíos se pueden encontrar los profesionales de niños (profesores, psicólogos, educadores, etc) para que se den este tipo de encuentros que marquen una diferencia en el aprendizaje y la experiencia de los niños. Se considera que es diferente en este momento con el uso de los medios tecnológicos?

Si, obvio considero que es diferente. Una educadora me comentaba una reflexión muy interesante, muchos consideran que la escuela solo cambió el dispositivo y ahora es la misma escuela pero por otros medios, los tecnológicos, se dijo que la escuela se tiene que transformar, tener mucha más virtualidad y en realidad lo que no se está considerando es que esto no fue una decisión de la escuela, de los docentes que se prepararon y decidieron este cambio, es decir, la escuela no está sólo modificando sus dispositivos o sus medios, sino que se está intentando continuar sosteniendo la educación en el medio de una emergencia sanitaria. Lo que tenemos que poner en evidencia es que esto es una emergencia sanitaria para todos, y la educación se está intentando mantener, sostener en medio de esta emergencia sanitaria, como si la escuela estuviera dando clases en medio de una guerra y no nos enteramos de que hay una guerra. No me refiero que esto sea una guerra, pero estamos hablando de que no se puede hacer de cuenta que esto no está ocurriendo. No podemos hacer como que estamos en una situación común solo que decidimos por este año para probar, porque no teníamos nada mejor que hacer, pasar del edificio escolar a la tele-enseñanza. No es así, estamos, en el mejor de los casos, haciéndolo lo mejor que podemos, pero sin olvidar que lo que tenemos a nuestro alrededor es una emergencia sanitaria tremenda que además está de la mano de una situación dificilísima a nivel social, sanitario, económico, para algunos ya es muy difícil de sostener hoy, para muchos lo será después, ya que muchos trabajos y muchas empresas dejarán de existir y vamos a tener que convivir con eso. No podemos seguir como si pudiéramos continuar con nuestros programas, sean en la escuela o sean clínicos, como si esto no nos estuviera sucediendo. Obviamente es un desafío enorme, sobre todo para los que trabajamos con niños. También, creo que hoy las mejores escuelas son las que han podido ponerse al servicio de la situación, han podido decir, bueno sobre esto no sabemos, aprendamos juntos, hágannos devoluciones, las que han escuchado a los padres y a los niños y también a sus propios docentes. Las que dijeron: vamos a hacer esta propuesta, por favor, vayan diciéndonos lo que vean, si esto les sirve a los chicos, si los padres pueden acompañar este ritmo, si los docentes pueden sostenerlo. Si no les sirve, si no pueden, entonces tendremos que inventar otros modos. Creo que estas escuelas son las mejores escuelas y no importa su situación socioeconómica, creo que las escuelas que están más complicadas son las que intentaron seguir con su programa sin registrar nada de lo que le está ocurriendo a toda su comunidad educativa: estudiantes, padres, docentes. Algunas escuelas han podido priorizar lo vincular aunque sea por medio de una llamada telefónica al niño para ver cómo está, a la familia… son escuelas y profesionales que han podido ir en busca de ese otro, como decía Pennac “repescarlo”. Han dado espacio para lo lúdico, organizaron recreos por zoom, trabajos en pequeños grupos para armar vínculos más estrechos y confiables, encuentros personales con los niños, por videollamada, llamado telefónico, una caja con materiales que se les envió con el transporte escolar, libros y útiles que se entregaron junto con los bolsones de comida.

Yo superviso muchos equipos, entonces lo que hemos hecho en hospitales y escuelas era plantear quienes son los niños que más nos preocupan o las familias que más nos preocupan, no esperemos a que el desastre suceda, ofertemos disponibilidad, después el otro decidirá cómo, cuando la toma, pero en general la verdad es que en la mayoría de las situaciones las familias han agradecido mucho el contacto vincular para ofertar un sostén emocional, sea el del equipo hospitalario en salud mental, sea el del equipo de orientación de la escuela, sea el de la maestra que llamó a esa mamá y le dijo bueno sé que están en una situación difícil pero dígame cómo podemos ayudar, cómo podemos acercar algo de lo escolar a Juanito, cómo lo están pasando, se han hecho contacto con muchos trabajadores sociales y han posibilitado que esas familias salgan adelante. En Argentina muchos niños y sus familias dependen de la comida que se da en la escuela para poder recibir su única ración alimenticia diaria y entonces las escuelas han tenido en cuenta esto, escuelas públicas, pero también privadas, sobre todo en escuelas especiales que tienen población muy vulnerable comenzaron a ayudar, mandar bolsones de comida a las casas en un panorama complejo de un país como la Argentina que venía de un porcentaje de pobreza por arriba del 50% antes de la pandemia, resultante de políticas neoliberales nefastas que aumentaron los niveles de desigualdad como nunca antes.

Ilustración: Gonzalo Barrera

En relación al tema del acontecimiento, esto que nos ha pasado es un acontecimiento, que este acontecimiento se vuelva traumático depende de cómo se transite y en parte depende de cómo los profesionales de la salud y educación puedan posibilitar herramientas para ello, porque además hay otra cara de este virus que tiene que ver con las muertes. Va a ser muy difícil que en septiembre cuando los chicos vuelvan a la escuela, si es que vuelven, en cada familia no haya algún fallecido cercano. En ese sentido sería sumamente importante que tanto los profesionales de la salud como de la educación cuenten con recursos para alojar ese sufrimiento, dar alguna oportunidad elaborativa para eso. Volver a la escuela sin tener en cuenta eso, o sea, negando que esto ha atravesado la vida de la mayoría de las personas, sean niños, sean adultos o adolescentes, o sin ver que alguien puede llegar a septiembre habiendo estado cerca de una situación así, una enfermedad, una muerte…, me parece que sería importante que los profesionales de la salud mental teniendo en cuenta eso, realicemos trabajos ligados a la prevención en ese sentido. La muerte de un ser querido siempre es algo doloroso y no tendría porque ser algo necesariamente traumático, pero eso también tiene que ver con las posibilidades elaborativas, y en este caso no son solo las posibilidades elaborativas singulares sino las de un grupo, de una familia, de una sociedad, son las posibilidades de transitar algo que ha pasado en este tiempo, y una de las cosas que son más dolorosas en cuanto a la muerte es no haber podido realizar los rituales, que cada religión y cada sociedad tenían para acompañar a los muertos y también para acompañar a los que quedan y esto no se ha podido hacer en este tiempo. Me parece importante que sobre todo, desde los profesionales de la salud se trabaje en prevención y acompañamiento de esta situación porque esto nos está ocurriendo como sociedad.

¿Qué lugar o función cree que ha podido ocupar el aburrimiento en la vida de muchos niños y adolescentes durante este confinamiento? En especial aquellos que tenían un ritmo de actividad más parecido al del adulto y pocos espacios para el aburrimiento y el juego.

Nosotros en el Fórum Infancias hicimos un libro para niños que se llama “Y acá estoy… con el mundo patas para arriba”. Hay una canción que dice “vamos a jugar con lo que hay” y me parece que básicamente es nuestra idea. Quizá dejar de estar tan atravesados por la sociedad de consumo y estar más conectados con lo que somos y lo que hacemos y a partir de ahí crear, unos pudieron más, otros pudieron menos. Yo creo que, por lo general con los niños, si uno les oferta y está disponible para inventar, crean, imaginan historias, personajes, juegos… la mayoría de los chicos tienen posibilidad de ir armando con lo que hay, lo que ocurre es que muchas veces los adultos no están disponibles para ese entramado, para armar con el niño. Hay un punto del aburrimiento que es, primero, la necesidad de no estar llenándolo todo, todo el tiempo y en ese aburrimiento es cuando pueden surgir cosas sumamente creativas, si es que nos damos la oportunidad de aburrirnos, por supuesto.

¿Cómo garantizar el derecho a la información de los niños cuando el tema entraña una gran dificultad por las distintas áreas que se ven afectadas (social, educación, jurisdicción, económica, etc.) y por el consiguiente cambio tan brusco de la interacción con aquellos espacios y personas que les eran significativas?

Considero que por un lado hay cuestiones que son políticas-públicas, por ejemplo, si un país decide o no ocuparse de que todos los niños y niñas tengan computadoras con conexión a internet. Esto sería una política pública más allá de las decisiones individuales, lo que si tenemos que tener en cuenta es que el que no tuvo ese acceso, hoy está en una desventaja tremenda y en un lugar de desigualdad muy importante con respecto a esos otros niños y niñas que sí tuvieron la oportunidad de tener acceso. Me parece que por eso la escuela va a tener que hacerse cargo de esto de algún modo, brindar la oportunidad a aquellos que no tuvieron ese acceso a la información. Por otra parte, está toda la cuestión de los vínculos, la pérdida de la cotidianeidad con los vínculos reales, también pensar cómo va a ser la vuelta, si vemos fotos de colegios en China da muchísima pena ver a los niños cada uno en su cuadrado, es difícil de imaginar, sobre todo en Argentina que los niños no son tan obedientes como los niños chinos y extrañan los abrazos, el contacto físico.

En relación a las familias, ¿Cómo podrían hacer para garantizar el derecho a la información de sus hijos? ¿Cómo hablarles de ello?

Lo que pasa es que algunos padres no están en condiciones reales de hacerlo. Hay familias que solo poseen un ordenador y esto hoy en día es un problemón. Los padres tienen que trabajar, los dos o tres niños tienen que “ir a la escuela”, es muy difícil, por eso decía que esto va más allá de la propia voluntad de los padres, la escuela va a tener que tener en cuenta esto, que no todos pueden acceder igual a la información y a la formación. Me parece que van a tener que planificar la vuelta desde otro lugar, la escuela con los niños en presencia real 4, 5, 6, 7 u 8 horas, a duras penas garantizaba que ciertos contenidos estuvieran dados para todos, por lo cual algunos niños llegarán con muchos menos contenidos y esto no se lo podemos adjudicar a un problema del niño. Entonces ahí la escuela va a tener que hacer un trabajo con eso y quizá tenga que cambiar los objetivos. Los objetivos 2020-2021 necesitarán ser revisados en todos los niveles educativos para poder encontrarse con los niños, niñas, adolescentes y jóvenes y también sus docentes que transitaron y continuarán transitando por mucho tiempo más una experiencia inédita y que precisamos generar las condiciones elaborativas en conjunto como sociedad.

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